Llevo diez años haciendo webs en WordPress.
Diez.
He instalado más plugins de formularios que cafés me he tomado. Y me he tomado muchos cafés.
Así que esto no lo digo desde fuera, con el dedito levantado. Lo digo desde dentro, con las manos manchadas de PHP de 2016:
Hoy me parece absurdo que tantas empresas sigan con WordPress.
Ya. Calma. Respira. Deja el comentario airado para el final, que hay sitio.
Lo que pasaba antes
Hasta hace nada, la conversación con un cliente era siempre la misma. Quería una web y le dabas dos caminos.
Camino uno: WordPress. Plantilla, cuatro plugins, un par de semanas. Precio razonable. Todos contentos.
Camino dos: un desarrollo a medida con Laravel. Hecho exactamente para su negocio, sin parches. Precio: varios miles de euros y unos cuantos meses. El cliente ponía la misma cara que cuando el mecánico te dice «esto va a ser la junta de la culata».
Ganaba WordPress. Siempre. Y tenía sentido.
No porque fuera mejor. Porque lo otro era un lujo.
Lo que ha cambiado (y mucha gente no se ha enterado)
Las herramientas de desarrollo con IA han hecho algo muy poco glamuroso y muy revolucionario: han hundido el coste de construir software a medida.
Lo que antes eran semanas picando formularios, permisos, paneles y tablas, ahora es mucho menos. No porque la IA lo haga sola (quien te diga eso te quiere vender un curso), sino porque un desarrollador que sabe lo que hace va varias veces más rápido.
Resultado: un proyecto en Laravel que antes solo se podían permitir empresas con presupuesto de empresa grande, hoy cuesta algo que una pyme puede pagar sin vender un riñón.
Y eso cambia la pregunta.
Antes era: ¿me puedo permitir algo a medida?
Ahora es: ¿me puedo permitir seguir sin ello?
Tu web no es un folleto
La mayoría de webs en WordPress que veo hacen una sola cosa: existir.
Una portada bonita, una página de servicios y un formulario de contacto que manda un email a una bandeja que nadie mira los viernes. Un folleto digital. Muy mono. Muy quieto.
Y el negocio de verdad ocurre en otro sitio: en un Excel que solo entiende Montse, en tres aplicaciones de pago que no se hablan entre ellas, en WhatsApp y en la cabeza del dueño.
Con un desarrollo a medida, la web deja de ser el escaparate y pasa a ser la tienda, el almacén y la oficina:
- El cliente pide presupuesto y el presupuesto se genera solo, con tus precios y tus reglas.
- Las reservas, los pedidos o las altas entran directamente en tu sistema, no en tu correo.
- Tu equipo tiene un panel con lo que toca hacer hoy, no un grupo de WhatsApp con 400 mensajes sin leer.
- Las facturas, los recordatorios y los seguimientos salen solos.
- Y la parte pública explica lo que haces exactamente como lo haces, no como lo permite la plantilla.
Eso ya no es una web. Es tu empresa funcionando en internet.
«Pero con WordPress también se puede»
Sí. Con un cuchillo de untar también puedes cortar jamón.
Puedes meterle a WordPress un plugin de reservas, otro de CRM, otro de facturas, otro de formularios avanzados y otro para que los demás no se rompan. Lo he hecho. Muchas veces. Funciona, hasta que actualizas uno y se cae todo un domingo a las once de la noche.
WordPress es una herramienta magnífica para lo que nació: publicar contenido. Para blogs, medios y webs informativas sigue siendo una opción estupenda, y lo seguiré recomendando.
El problema es usarlo como esqueleto de un negocio que necesita procesos propios. Ahí estás construyendo una casa con piezas de Lego de cajas distintas y rezando para que no sople el viento.
La pregunta que importa
No te digo que tires tu web mañana. Te digo que cambies la pregunta.
No «¿qué web necesito?», sino:
¿Qué parte de mi empresa sigue funcionando a mano porque mi web no sabe hacer nada?
Apunta la respuesta. Seguramente salga una lista larga. Y seguramente cada punto de esa lista te cueste unas cuantas horas cada semana.
Hace cinco años, automatizarla costaba tanto que no salía a cuenta.
Hoy sí.
Y quien se dé cuenta antes que su competencia va a jugar a otro deporte.
PD: Si has llegado hasta aquí con el «pero WordPress mueve medio internet» preparado en el teclado: lo sé. Yo construí unos cuantos trozos de esa mitad. Precisamente por eso lo digo.