ESCRITOS

Un club de fútbol es una pequeña empresa dirigida por gente que ya tiene otro trabajo

Desde fuera, un club de barrio parece un pasatiempo. Desde dentro, tiene ingresos, cobros, socios y papeleo, todo en manos de voluntarios que lo hacen al salir de trabajar. Eso cambia el tipo de programa que necesita.

Desde la grada, un club de fútbol de barrio parece un pasatiempo.

Desde dentro, parece una pequeña empresa.

Una pequeña empresa que nadie cobra por dirigir.

Piensa en lo que hace un club de verdad. Tiene socios. Cobra cuotas. Gestiona pagos, equipaciones, horarios, inscripciones y familias que cambian de cuenta bancaria a mitad de temporada. Tiene ingresos y gastos, y alguien que tiene que hacer que cuadren.

Cualquier negocio con esa lista tendría una oficina y al menos una persona dedicada a la administración a jornada completa.

Un club tiene un voluntario. Al salir del trabajo. Con un portátil que también es el ordenador de casa.

El cliente para el que nadie diseña

Empezamos a hacer cobros para clubes en 2020, y este año hemos seguido avanzando en esa dirección. Pero de lo que quiero hablar no es del programa. Es de lo que los clubes me han enseñado sobre quién es de verdad el cliente.

Cuando le vendes a una empresa, le vendes a alguien cuyo trabajo es esa empresa. Su tiempo está pagado. Si tu programa tarda una hora en aprenderse, esa hora forma parte de su jornada.

Cuando le vendes a un club, le vendes a alguien cuyo trabajo es otro. La hora que tarda en aprender a usar tu programa se la quita a su tarde, a su fin de semana o a sus hijos. A menudo, los mismos hijos que juegan en el club.

Los voluntarios no tienen tiempo libre. Tienen tiempo que han decidido regalar. Cada minuto que les hace perder tu programa es un minuto que no recuperan.

Lo que eso cambia

Hay unas cuantas cosas que ahora creo y antes no.

La primera: el dinero importa más de lo que parece. Los clubes no suelen verse a sí mismos como empresas, pero las cuotas son lo que los mantiene vivos. Y cobrarlas es el trabajo más ingrato del club. Nadie se apuntó a un club de fútbol para perseguir pagos.

La segunda: quien sufre no siempre es quien decide. Decide la junta. Sufre el voluntario que lleva el dinero. Si construyes para la junta, harás informes. Si construyes para el voluntario, harás algo que le ahorre tardes. Y creo que lo segundo es lo que acaba usándose.

La tercera: que la gente cambie es parte del cliente, no un fallo. Los voluntarios se van y las juntas cambian. Quien sabe cómo funciona todo esta temporada puede no estar la siguiente. Un programa para clubes tiene que sobrevivir a la persona que lo configuró.

Por qué me gustan como clientes

Nada de esto hace que los clubes sean fáciles. Son prudentes con el dinero, y hacen bien. Cada euro es el euro de una familia.

Pero reconozco algo en ellos. Una organización pequeña, dirigida por gente que lo hace porque le importa, sin inversores y sin nadie que vaya a venir a salvarla. Cuotas pagadas mes a mes por gente que solo quiere que sus hijos jueguen.

Se parece mucho al tipo de empresa que quiero dirigir.

Desde la grada, es un pasatiempo.

Desde dentro, es una pequeña empresa que nunca termina su jornada.

P. D.: Si eres el voluntario que lleva las cuotas de tu club: gracias. Nadie más te lo va a decir, así que te lo digo yo.