ESCRITOS

No quiero inversores. Quiero poder elegir

En cuanto tienes un producto, siempre te hacen la misma pregunta: ¿cuándo vais a buscar inversión? Mi respuesta es menos emocionante de lo que la gente espera.

En cuanto tienes un producto, hay una pregunta esperándote.

«¿Y cuándo vais a buscar inversión?».

Como si un producto fuera un número para hacer cola, y la cola acabara en los inversores.

Estamos construyendo nuestro propio software para clubes deportivos, pagado con el trabajo de la agencia. Es lento, pero es real. Y decir que no tenemos previsto buscar inversión suena, en idioma startup, a anunciar que te vas a Madrid andando.

Que, siendo justos, es más o menos lo que estamos haciendo.

Qué te da de verdad una ronda

No estoy en contra de los inversores. Estoy en contra de no entender lo que venden.

Desde fuera, una ronda parece tiempo: dinero en el banco, meses de margen y se acabó arreglar webs de clientes de noche para pagar el producto.

Pero no creo que el dinero de los inversores te dé tiempo. Te pone una cuenta atrás.

Desde el día en que llega el dinero, hay una fecha. Una fecha para demostrar que creces, para volver a buscar inversión o para explicar por qué no. Cada decisión se mide con esa fecha. Ya no te preguntas «¿esto es lo correcto para quien lo usa?», sino «¿esto quedará bien antes de la próxima ronda?».

No es nada malvado. Es el trato. Pero es un trato, y prefiero saber qué firmo.

Una ronda no te da tiempo. Te cuelga un reloj en la pared.

Qué te da el dinero de los clientes

El dinero de los clientes es distinto. Es lento y le da igual lo que hagas con él.

Un club paga porque la herramienta le resuelve un problema. Un cliente paga porque su web funciona. Nadie nos pregunta dónde estaremos dentro de dieciocho meses. Nadie necesita que seamos los más grandes.

Y eso nos da algo que valoro más que la velocidad: poder elegir.

Elegir decir que no a una función que quedaría genial en una presentación, pero que nadie ha pedido. Elegir seguir siendo pequeños en un sector que entendemos. Elegir equivocarnos, arreglarlo sin hacer ruido y seguir adelante, sin ninguna reunión del consejo para comentarlo.

Yo lo llamaría el derecho a equivocarte sin dar explicaciones. Suena a poco, pero creo que es casi todo lo que significa la libertad en una empresa.

El coste, sin maquillaje

No voy a fingir que este es el camino listo. Es el lento.

Probablemente alguien con financiación construirá más rápido. Contratará a más gente. Puede que hasta lance algo en nuestro terreno antes de que terminemos lo nuestro. Ese es el precio, y lo tengo asumido.

Lo que no tengo asumido es que ser pequeño signifique ser poco serio. Una empresa que paga sus facturas, crece con lo que le pagan sus clientes y solo rinde cuentas a sus fundadores y a sus clientes no es una startup que no consiguió inversión. Es, simplemente, una empresa.

El mundo startup no la tendrá en cuenta. Me parece bien. No la estoy construyendo para el mundo startup.

Entonces, ¿cuándo buscaremos inversión?

Cuando sea la única forma de seguir eligiendo. No antes.

P. D.: Si eres inversor y has llegado hasta aquí, gracias. De verdad. Puedes hacerte cliente cuando quieras.