WordPress ya no tiene excusa (y lo dice alguien que vivió de él diez años)
Antes, un desarrollo a medida en Laravel era un lujo de miles de euros. Con la IA ya no lo es, y seguir usando la web como folleto empieza a salir caro.
Leer más →Durante años vi a cada estudio de la zona como alguien que podía quitarnos el siguiente proyecto. En noviembre, uno de ellos nos dejó justo la parte que mejor sabemos hacer.
Durante años, para mí, cada estudio de la zona era un posible ladrón de proyectos.
En noviembre empezamos un proyecto con uno de ellos.
Te cuento.
Empezamos una web con un estudio de diseño de Girona. Desde el primer día, cada uno a lo suyo: ellos, el diseño; nosotros, el desarrollo.
Sin pisarnos y sin pelearnos por de quién es el cliente. Cada estudio haciendo la parte que mejor sabe hacer.
Dicho así parece de sentido común. A mí no siempre me lo pareció.
Desde fuera, un estudio de diseño y un estudio web parecen el mismo negocio. Los dos «hacen webs». Los dos aparecen cuando un cliente pregunta por ahí.
Así que yo los miraba de reojo. Con educación, sí, pero sin mucha apertura.
Hasta que, a principios de ese mismo año, tuve que admitir lo evidente: el diseño no es lo que hacemos cada día. Mantenemos webs, integramos sistemas y construimos software. El diseño hacía tiempo que se lo encargábamos a colaboradores.
Y en cuanto lo dices en voz alta, la historia de la competencia se desmonta sola.
Un estudio que diseña de maravilla y no quiere ni oír hablar de servidores, plugins e integraciones no compite conmigo. Me necesita. Y yo a él. Es como el panadero y el que hace los bocadillos: no se roban clientes, se los pasan.
El estudio que hace lo que tú no haces no es tu competencia. Es la mitad de tu próximo proyecto.
Ese mismo mes pusimos en marcha unos precios que cambian según la temporada en un portal de alojamientos rurales, en lugar de la misma tarifa para todas las noches.
Es un trabajo que no tiene nada que ver con cómo se ve una web. Y todo que ver con cómo gana dinero un negocio.
Ese es nuestro lado: la lógica, los datos y los sistemas que siguen funcionando cuando ya nadie se acuerda del lanzamiento.
Ver los dos proyectos en el mismo mes me lo dejó clarísimo. Un estudio lo hace bonito. El otro hace que funcione. Y el cliente se lleva las dos cosas.
Me temo que mi desconfianza nos costó alguna colaboración. Nada dramático: conversaciones que nunca tuvimos porque daba por hecho que pescábamos en el mismo estanque. Y cuando dos estudios no se hablan, a veces quien sale perdiendo es el cliente: un diseño precioso con un desarrollo flojo, o un desarrollo sólido con un diseño que no recuerda nadie.
Al final, las normas son de patio de colegio. Deja claro qué haces y qué no. Si otro estudio te trae el proyecto, el cliente es suyo: respétalo. Decidid desde el principio quién habla con el cliente. Y cuando alguien te pida diseño, devuelve el favor.
Además, encaja con cómo queremos crecer. No queremos contratar todas las especialidades que existen. Colaborar permite a un estudio pequeño asumir proyectos más grandes sin convertirse en una empresa más grande.
Prefiero esa libertad al tamaño.
Durante años vi a otros estudios como competencia.
Y uno de ellos acabó dejándonos, bien envuelta y lista, justo la parte que mejor sabemos hacer.
P. D.: Si un estudio de diseño te trae un proyecto e intentas quedarte con su cliente, enhorabuena: acabas de cobrar el último encargo que te hará.