ESCRITOS

Las subvenciones son un modelo de negocio terrible

Una subvención parece dinero gratis. A nosotros nos costó meses de trabajo y ni un euro de ingresos. Pero el papeleo no fue la verdadera lección.

Una subvención parece dinero gratis.

A nosotros nos salió carísima. Y no llegamos a ver ni un euro.

Te cuento.

Hay programas públicos que ayudan a las pequeñas empresas a pagar servicios digitales. Las agencias se apuntan como proveedoras y luego venden esos servicios con la ayuda.

Sobre el papel, era perfecto para nosotros. Ya hacíamos webs, tiendas online y sistemas de reservas para pequeñas empresas. La ayuda solo les facilitaría decir que sí. Era como si te ofrecieran un carril rápido en la autopista por la que ya ibas.

Así que lo solicitamos.

Pasamos meses de trámites. Primero, esperando. Después, por fin dentro. Y en verano ya estábamos pensando cómo venderlo y cuánto nos costaría el papeleo de cada cliente.

Y al final, por un detalle administrativo, nos quedamos fuera.

La verdadera lección

El papeleo no es la lección. Esas cosas pasan.

La lección es cuánta atención mía se fue en ese programa.

Meses de formularios, seguimientos y planes, todo apuntando a una puerta que controlaba otro.

Sin darme cuenta, dejé que una subvención empezara a parecerse a una estrategia comercial. Pensaba en cuántos clientes nos traería el programa, en lugar de en cómo íbamos a encontrarlos nosotros. Como quien deja de buscar trabajo porque ha comprado un décimo de lotería.

Esa es la trampa. Una subvención no se paga en euros. Se paga en tiempo, en atención y en depender de normas que no escribes tú.

Una subvención puede ayudar a un negocio que ya funciona, pero no puede ser el motivo por el que funciona.

Y a una empresa como la nuestra le duele el doble.

Empezamos Foxnice en 2014 con 300 € y sin dinero de fuera. Cada euro que gastamos viene de un cliente. Así que lo que gastamos en un programa que no devuelve nada no sale de ningún presupuesto. Sale del mismo dinero que paga nuestros productos y nuestra libertad.

Por eso desconfío de todo lo que nos hace depender de una decisión que no controlamos. No porque las subvenciones sean malas, sino porque nuestro modelo solo funciona si seguimos siendo dueños de nuestros ingresos.

¿Lo volveremos a intentar? Puede ser. Con más cuidado.

Pero el plan del año que viene no dependerá de ello. El plan son clientes, productos y paciencia. Y vender como si la subvención no existiera, porque los clientes que encuentras por tu cuenta son los que se quedan cuando el programa cambia o desaparece.

Una subvención parece dinero gratis.

A nosotros nos costó buena parte de un año. Y nos enseñó más sobre nuestro modelo de negocio de lo que nunca nos habría enseñado la subvención.

P. D.: La próxima vez que alguien me diga «esto es dinero gratis», le preguntaré cuántas horas lleva dentro.