Nuestros clientes son los únicos inversores que hemos tenido
Tenemos inversores desde el primer día, aunque nunca nos han pedido participaciones. Son nuestros clientes, y con sus facturas hemos pagado todos nuestros productos.
Leer más →Tiene clientes, ingresos y diez años a sus espaldas. Pero nunca ha levantado una ronda, así que en el mundo startup no cuenta. Y no pasa nada.
Para el mundo startup, mi empresa no existe.
Tiene clientes. Tiene ingresos. Paga sus facturas. Lleva diez años funcionando.
Pero nunca ha levantado una ronda. Así que, técnicamente, no cuenta.
El mundo startup tiene una clasificación muy clara. Cuánto has levantado, de quién, a qué valoración, cuánta gente has contratado y a qué ritmo quemas dinero.
Lo último siempre me hace gracia. Quemar dinero como señal de buena salud. Prueba a decírselo a un fontanero.
En esa clasificación, Foxnice no sale. Empezamos en 2014 con 300 € y sin dinero de nadie. Sin inversores, sin rondas y sin foto de equipo celebrando nada. Solo Yeray y yo, y clientes que pagan cada mes.
Durante mucho tiempo eso me hizo sentir un poco pequeño. Como si jugáramos en segunda división. Como si una empresa que se paga sola fuera, en el fondo, una startup que todavía no lo ha conseguido.
Una empresa que se paga sola no necesita el permiso de nadie para seguir existiendo.
Con el tiempo me he dado cuenta de una cosa.
No contar es de lo más tranquilo.
Nadie nos pide una curva de crecimiento. Nadie necesita que el año que viene tripliquemos. Cuando decidimos dejar algo que daba dinero porque nos quitaba la concentración, no tuvimos que dar explicaciones a ningún consejo. Bastó con que nos pusiéramos de acuerdo los dos.
Esa es la diferencia: el dinero de los clientes no viene con cuenta atrás. El de los inversores, sí.
Y tiene un precio real. Vamos más despacio. Nuestros productos avanzan al ritmo que los servicios pueden pagar. No podemos contratar antes de que haya demanda. No podemos hacer diez apuestas a la vez y quedarnos con la que salga bien.
Pero sí podemos permitirnos equivocarnos sin dar explicaciones a nadie. Y eso vale más de lo que parece.
No tengo nada contra las startups. Hay problemas que necesitan mucho dinero y muy rápido, y hay gente que de verdad quiere construir algo enorme. Me parece perfecto. Es un juego tan válido como cualquier otro.
Lo que pasa es que no es el único.
Lo que me molesta es que se dé por hecho que sí lo es. Que una empresa pequeña y rentable sea una startup fracasada. Que el objetivo de cualquier negocio tenga que ser crecer, y que lo demás sea falta de ambición.
Ambición tengo de sobra. Solo que apunta a otro sitio. Prefiero ser libre a ser grande. Querer ser el más grande, me parece, es la forma más rápida de perder la libertad.
Así que lo tengo asumido. Jugamos en otra liga, con menos estadísticas: clientes que se quedan, dinero que entra y un tiempo que sigue siendo nuestro.
Para el mundo startup, mi empresa no existe.
Y no pasa nada. Tampoco lo necesita.
P. D.: Si alguien quiere invertir, se lo agradezco. La respuesta sigue siendo que no, pero es un no muy simpático.