Nuestros clientes son los únicos inversores que hemos tenido
Tenemos inversores desde el primer día, aunque nunca nos han pedido participaciones. Son nuestros clientes, y con sus facturas hemos pagado todos nuestros productos.
Leer más →Si mañana nos quitaran la oficina, ¿qué quedaría de la empresa? Me lo he preguntado, y la respuesta es menos sentimental de lo que esperaba.
Nadie nos paga por tener oficina.
Nos pagan porque las cosas funcionan. La oficina es solo el sitio donde nos sentamos para hacer parte de ese trabajo.
Llevo unas semanas dándole vueltas a esto. Porque si quien nos paga no necesita el sitio, ¿para quién es?
Arrancamos Foxnice en 2014 con 300 € y sin dinero de nadie. Sin contactos y sin nadie que nos prestara nada. Tener un espacio propio me parecía una prueba: la prueba de que ya no éramos dos chavales con un portátil.
Creo que para muchas empresas pequeñas la oficina es eso: un disfraz. Te lo pones para que el mundo, y tú mismo, os creáis que es un negocio de verdad.
Lo curioso es que el trabajo nunca ha estado ahí.
Las webs que mantenemos están en servidores. PagoCRM está en la nube. El soporte pasa por el correo. Desde el año pasado dirijo buena parte de la empresa desde Tailandia, y los servidores no se han enterado de en qué zona horaria estoy.
Como mucho, se han dado cuenta los correos. Los clientes, que yo sepa, no.
Una oficina es donde te sientas. Una empresa es lo que sigue funcionando cuando te levantas.
He intentado responderlo sin eslóganes. Esto es lo que tengo, de momento.
Una empresa es un conjunto de promesas que alguien cumple. La web sigue funcionando. Las cuotas se cobran. Los correos tienen respuesta. Dónde esté sentado quien las cumple es lo de menos.
También es criterio: decidir a qué dices que sí y, más a menudo, a qué dices que no. Y eso no está en ninguna sala. Está en dos cabezas que se conocen desde hace más de veinte años. La de Yeray suele ser la que hace la pregunta que a mí se me ha pasado.
Y es confianza. Clientes que pagan cada mes sin necesidad de ver dónde trabajamos. No son fieles a un local, sino a que las cosas funcionen.
Visto así, la oficina se parece menos al corazón de la empresa y más a un perchero carísimo.
No escribo esto para anunciar nada. Lo escribo porque me he dado cuenta de que defiendo la oficina con sentimientos, no con argumentos.
Y eso suele ser mala señal.
Cada euro que gastamos en cosas que los clientes no ven es un euro que no va a nuestros productos. Crecer sin inversores solo funciona si eres sincero sobre qué es estructura y qué es decoración. Y empiezo a sospechar a qué grupo pertenece un local alquilado.
No digo que las oficinas no sirvan. Para algunos equipos son justo lo que necesitan: un espacio compartido, buen ambiente y una puerta que cierras a las seis. Lo entiendo.
Pero creo que una empresa pequeña debería poder responder sin pestañear a esta pregunta: si este sitio desapareciera mañana, ¿qué se rompería?
Si la respuesta es «nada importante», no es la oficina la que sostiene a la empresa. Es la empresa la que sostiene a la oficina.
Todavía no he decidido nada.
Solo he dejado de fingir que el perchero es la empresa.
P. D.: Para ser justos con las oficinas, son buenísimas guardando cajas que nadie abre.