ESCRITOS

Trabajar de noche es una costumbre, no una virtud

Muchos de mis correos salen a horas en las que la gente normal duerme. Durante años lo llevé como una medalla. Ahora empiezo a pensar que solo es una costumbre que nunca me había cuestionado.

Si miras la hora de mis correos, pensarías que vivo en otra zona horaria.

No. Simplemente trabajo de noche.

Y durante mucho tiempo estuve un poco orgulloso de ello.

De dónde viene

Aprendí a hacer webs a los doce años, con cursos gratis y de noche. En mi familia nadie tenía una empresa. No había oficina, ni horario, ni nadie que me dijera cuándo parar. La noche era, sencillamente, el momento en que la casa se quedaba en silencio y el ordenador era mío.

Esa costumbre nunca se fue.

Años después, sigo igual. El día es para los clientes, las llamadas, los mensajes y las cien cosas pequeñas que van llegando. La noche es cuando no llega nada. Ni llamadas ni notificaciones. Solo el problema y yo.

Así que muchos de mis correos salen a horas en las que la gente normal duerme. A clientes, a proveedores, a Yeray.

Antes lo veía como una prueba de compromiso. Mira cuánto me importa. Mira cuánto trabajo.

Empiezo a verlo de otra manera.

Una medalla que no lo es

Aquí va la idea incómoda: trabajar de noche no significa trabajar más. Sobre todo, significa trabajar a otra hora.

Y esa otra hora tiene costes que no se ven en la hora del correo.

Estoy cansado. Y la gente cansada está más segura de lo que debería. De noche todo parece más claro, y en parte solo lo parece porque media cabeza ya se ha ido a dormir.

Estoy solo. De noche no hay nadie que te pregunte «¿seguro?». Es maravilloso para concentrarse y terrible para decidir.

Y doy mal ejemplo. Si un cliente recibe una respuesta mía a una hora absurda, aprende que estoy disponible a horas absurdas. Es una promesa que nunca quise hacer.

Trabajar de noche no es una virtud. Es una costumbre con muy buena prensa.

Con qué me quedo y con qué no

No voy a fingir que me convertiré en alguien de nueve a cinco. Sería mentira, y además lo verías en la hora de los correos.

La noche sigue siendo mi mejor momento para pensar, para leer código y para encontrar lo que falla. Encontrar problemas en silencio se me da bien.

Lo que intento es separar encontrar de decidir. Encontrar puede ser de noche. Decidir, sobre todo si afecta a un cliente, debería esperar a que sea de día y a que lo vea otra persona. En nuestro caso, Yeray.

Un borrador a medianoche, perfecto. Un correo enviado a medianoche es una apuesta.

Y estoy intentando ser sincero con el motivo. Algunas noches trabajo porque algo es urgente de verdad. Muchas más, creo, trabajo porque es lo que he hecho siempre y parar se me hace raro.

Eso no es dedicación. Es rutina con capa de superhéroe.

Por qué importa en una empresa como la nuestra

No tenemos inversores empujándonos a quemarnos. Es uno de los pocos lujos de crecer sin ellos: nadie nos pide que vayamos a toda velocidad.

Sería un poco absurdo escapar de la cuenta atrás de otros para fabricarme una propia, programada a las dos de la madrugada.

Una empresa pequeña que quiere durar necesita fundadores que también duren. Y eso no se consigue siendo el último en irse a la cama.

Así que no voy a dejar la noche. Solo la voy a degradar.

De virtud a costumbre.

P. D.: Sí, este también lo he escrito de noche. Lo publico por la mañana.