ESCRITOS

Sobrevivir no es una estrategia, pero en 2020 fue la mía

Todos los libros de empresa dicen que sobrevivir no es una estrategia. Tienen razón. Pero este año yo no tuve otra, y no me da vergüenza.

Todos los libros de empresa coinciden en algo.

Sobrevivir no es una estrategia.

Tienen razón. Y este año fue la única que tuve.

En enero tenía planes. Planes normales: crecer un poco, construir algo de producto, subir precios donde tuviera sentido. La típica lista que escribes con un café y con la ilusión de que el año te va a pedir permiso.

En marzo, el año no pidió permiso.

El año de mirar a corto

No voy a contarte el año entero. Tú también lo has vivido, cada uno a su manera y todos con las mismas noticias de fondo.

De lo que quiero hablar es de hasta dónde mirábamos.

Antes pensaba en años. ¿Dónde estaremos dentro de tres? ¿Qué queremos construir? Esta primavera, el horizonte se encogió hasta una semana. A veces, hasta un día. Contestar al cliente, mantener las webs en pie y no tomar hoy ninguna decisión que pudiera esperar a mañana.

En su momento me pareció un fracaso. Como si hubiéramos dejado de ser una empresa con rumbo para convertirnos en dos personas achicando agua.

Visto ahora, creo que era exactamente lo que había que mirar en el año que nos tocó.

Cuando hay tanta niebla, el plan es el siguiente paso. Todo lo demás es decoración.

Lo que me ha enseñado sobrevivir

Tres cosas. No es ninguna teoría; es solo lo que se me ha quedado.

La primera: el dinero aburrido es el mejor dinero. Servicios, mantenimiento, cuotas pequeñas y recurrentes. Nadie presume de ellas, pero este año han sido las que han mantenido la luz encendida. He dejado de pedir perdón por ellas.

La segunda: ser pequeño es una ventaja cuando todo cambia a la vez. Sin consejo, sin inversores y sin ningún plan que justificar. Solo Yeray y yo, decidiendo y ajustando sobre la marcha. Si hubiéramos tenido una cuenta atrás en marcha, me temo que este año habría sido muy distinto.

La tercera: sobrevivir no es quedarse quieto. Desde fuera puede parecerlo, pero desde dentro son mil decisiones pequeñas a la semana. A qué cliente llamar, qué aplazar, qué no firmar. Sobrevivir bien es una habilidad. Nadie la enseña, porque nadie quiere admitir que la ha necesitado.

Lo que me llevo al año que viene

Un gran plan, no. Ya he aprendido la lección sobre los planes de enero.

Solo algunas intenciones, escritas a lápiz.

Seguir siendo una empresa pequeña y libre. Que los servicios sigan pagando los productos. Seguir construyendo cosas que nacen de problemas que los clientes repiten, no de ideas que se me ocurren en la ducha. Mantener la costumbre de dejar reposar un día las decisiones importantes. Y seguir teniendo un socio que hace de contrapeso cuando tengo prisa.

Y quizá, si el año lo permite, mirar un poco más lejos. De una semana a un mes. De un mes a una temporada.

Los libros tienen razón: sobrevivir no es una estrategia.

Pero no puedes tener ninguna estrategia si antes no sobrevives al año.

Lo conseguimos. Ese es todo el balance.

P. D.: Ya he escrito mis planes para el año que viene. A lápiz. Y con la goma bien cerca.