ESCRITOS

Quiero construir algo que funcione sin mí

Durante once años, Foxnice ha funcionado sobre todo porque yo estaba ahí. Eso no es una empresa: es un trabajo con logo. Esto es lo que me gustaría construir en su lugar.

La persona más peligrosa de mi empresa soy yo.

No porque haga las cosas mal, sino porque hago demasiadas.

El fundador como punto único de fallo

Hice mi primera web a los doce años. Aprendí solo, de noche, con cursos gratis por internet y en una familia donde nadie había tenido nunca un negocio. Empezar así te deja una costumbre: si algo hay que hacerlo, lo haces tú, porque no hay nadie más.

Esa costumbre me duró mucho después de que dejara de ser cierto.

Foxnice funciona desde 2014. Y durante buena parte de ese tiempo, una cantidad preocupante de cosas funcionaban solo porque yo estaba despierto. Correos de madrugada, decisiones tomadas entre otras dos decisiones y conocimiento que solo estaba en mi cabeza.

En informática eso tiene nombre: punto único de fallo. La pieza que, si se cae, se lo lleva todo por delante.

Nos pasamos el día protegiendo a nuestros clientes de los puntos únicos de fallo: copias de seguridad, monitorización, redundancia… Y luego nuestra propia empresa depende de la bandeja de entrada de una sola persona.

La ironía no se me escapa.

Si tu empresa solo funciona cuando estás tú, no has construido una empresa. Has construido un trabajo muy complicado.

La distancia te enseña

Desde el año pasado dirijo buena parte de Foxnice desde Tailandia. Otra zona horaria, otro ritmo.

Y eso te obliga a ser sincero contigo mismo. Cuando vas varias horas por delante de tus clientes, no puedes ser el que lo arregla todo en cuanto se rompe. O las cosas funcionan sin ti o se quedan esperando. Y a los clientes no les gusta esperar.

Así que la distancia me ha ido enseñando, con bastante precisión, dónde sigo siendo el cuello de botella. Cada vez que algo se queda parado hasta que me despierto, apunto lo mismo: esto no debería depender de mí.

Qué significa «sin mí»

No quiero desaparecer. Me gusta este trabajo. No sueño con una playa y un panel de ingresos pasivos.

Lo que quiero es más modesto y, creo, más difícil:

  • Productos que funcionen solos, para que las cuotas de un club se cobren tanto si estoy mirando como si no.
  • Normas por escrito, para que la misma decisión no tenga que pasar por mí cada vez.
  • Un socio que pueda decidir sin preguntarme. Por suerte, Yeray ya lo hace, y hace de contrapeso mejor que cualquier consejo de administración.

Esa es la diferencia entre una empresa y un fundador con ayudantes. En la primera, el fundador es una pieza más. En la segunda, es el motor, el volante y los frenos a la vez.

Por qué importa para ser libre

Hablo mucho de libertad: sin inversores, sin cuentas atrás y sin la obligación de ser el más grande.

Pero hay una libertad que ningún inversor te puede quitar, porque te la quitas tú solo: la de ser imprescindible. Parece importancia, pero en realidad es una jaula con tu nombre en la puerta.

Una empresa que funciona sin mí es la única que me deja elegir de verdad. Trabajar más o menos. Desde Girona, Marruecos o Tailandia. Dedicarme al producto o no hacer nada durante una semana.

Todavía no he llegado. Algunos días, ni de lejos.

Pero sé hacia dónde voy. La persona más peligrosa de mi empresa soy yo.

El objetivo es dejar de serlo.

P. D.: Si nos escribes y te contesto yo a la una de la madrugada, eso no es compromiso. Es un fallo que todavía no hemos arreglado.