Nuestros clientes son los únicos inversores que hemos tenido
Tenemos inversores desde el primer día, aunque nunca nos han pedido participaciones. Son nuestros clientes, y con sus facturas hemos pagado todos nuestros productos.
Leer más →En 2012 programaba la API de una startup de Barcelona desde Olot. Ahora todo el mundo descubre el teletrabajo. No hace falta estar donde está el dinero. Hace falta estar donde se hace el trabajo.
Esta primavera, el mundo entero ha descubierto que se puede trabajar desde casa.
Enhorabuena. Bienvenidos.
Algunos llevamos aquí un tiempo.
En agosto de 2012 yo programaba por encargo la API de una startup de Barcelona. Desde Olot.
Si no conoces Olot, imagina un pueblo en plena zona volcánica, a hora y media de Barcelona y a varios años luz del mundo startup. Un sitio precioso, pero no precisamente un polo tecnológico.
La startup estaba en Barcelona. El dinero estaba en Barcelona. Los eventos, los cafés y la gente que conocía a gente, todo estaba en Barcelona.
El código estaba en Olot.
Lo que me llevé de aquella época es sencillo: el lugar importa mucho menos de lo que la gente cree.
No porque todo el mundo sea especialmente abierto, sino porque a una API le da igual dónde la escribieron. O funciona o no funciona. Responde o no responde. Nadie la llama para preguntarle el código postal.
Esa fue mi primera lección de verdad sobre trabajar a distancia, mucho antes de que se llamara teletrabajo: cuando el trabajo es bueno y llega cuando prometiste, la distancia deja de ser un tema.
Cuando no, la distancia se convierte en la excusa. Para las dos partes.
Nadie le ha preguntado nunca a una API dónde la escribieron.
Hay una idea antigua según la cual tienes que estar donde está el dinero. Mudarte a la gran ciudad, dejarte ver, ir a los eventos, comer con la gente adecuada.
No creo que sea del todo falsa. Estar cerca ayuda. Yo mismo trabajé en Barcelona antes de lanzarme. Los contactos salen más fácilmente cuando te cruzas con la gente.
Pero creo que mezcla dos cosas. Estar cerca del dinero te ayuda a encontrar trabajo, pero no a hacerlo. Y cuando eres pequeño, lo que mantiene a los clientes no son las comidas, sino las entregas.
Yo no tenía contactos ni a quién pedir dinero. Lo que tenía era una conexión a internet, muchas horas y la costumbre de contestar siempre. Y desde Olot, resultó que con eso bastaba para empezar.
La primavera siguiente, cuando me di de alta como autónomo, también lo hice en Olot. Con la misma lógica. El pueblo no estorbaba. Como mucho, quitaba distracciones.
Ahora todo el mundo está en casa. Empresas que juraban que el teletrabajo era imposible lo están haciendo, con mayor o menor elegancia y con mejor o peor iluminación de cámara.
Me imagino que algunas volverán a la oficina en cuanto puedan. Perfecto.
Pero también me imagino que mucha gente está descubriendo lo que yo descubrí en 2012: que lo importante del trabajo nunca fue el edificio, sino la confianza. Y la confianza se construye cumpliendo, no estando en la misma sala.
Barcelona sigue siendo donde está buena parte del dinero. Eso no ha cambiado.
Lo que ha cambiado es que ahora más gente sabe que no hace falta vivir al lado.
Yo lo descubrí desde un pueblo rodeado de volcanes. Dormidos, por suerte.
P. D.: Sí, los volcanes llevan miles de años durmiendo. Mis plazos de entrega, nunca.