ESCRITOS

Pequeña y rentable no es un premio de consolación

Para el mundo startup, una empresa pequeña que paga sus propias facturas no cuenta. Yo he dejado de pedir perdón por tener una.

Hay una mirada que te echan cuando dices que tu empresa no tiene inversores.

Es la misma que te echa un camarero cuando pides agua del grifo. Educada, un poco decepcionada y con algo de lástima.

La he visto muchas veces. Ya no me importa.

La empresa que no cuenta

En el mundo startup hay una clasificación muy clara.

Arriba del todo, los que han levantado una ronda grande. Después, los que han levantado una más pequeña. Luego, los que están buscando ronda. Y abajo, casi fuera de la foto, los que simplemente venden cosas y cobran por ellas.

Esos somos nosotros.

Foxnice es una empresa pequeña que paga sus propias facturas. Empezamos en 2014 con 300 €, Yeray y yo, sin un euro de nadie. Vendemos servicios web, cuidamos de las webs de nuestros clientes y con ese dinero construimos nuestros propios productos.

Para ese mundo, no cuenta. Es un «negocio para vivir bien». Una cosa muy mona. El premio de consolación para los que no se han atrevido con la competición de verdad.

Durante un tiempo, casi me lo creí. Explicaba Foxnice casi pidiendo perdón: «Es pequeña, pero…». Como si hiciera falta un «pero».

El premio del que nadie habla

Luego empecé a mirar qué incluye de verdad el premio «de verdad».

Una ronda no te da tiempo: te pone una cuenta atrás. Alguien te ha dado dinero esperando recuperarlo multiplicado, y el reloj empieza a correr ese mismo día. A partir de ahí, cada decisión la tomas con alguien mirando la hora.

No lo digo con rencor. Para algunas empresas es un buen trato. Hay cosas que solo se pueden construir con mucho dinero y deprisa.

Pero es un trato. Y se habla de él como si fuera una medalla.

Una empresa pequeña que paga sus facturas no es el premio por perder. Es otro juego, con mejores reglas para quien lo juega.

Lo que ganamos siendo pequeños y rentables es aburrido de enumerar y enorme de tener.

Decidimos qué construir y cuándo. Si un producto necesita un año más, tiene un año más. Si nos equivocamos, lo arreglamos sin escribirle a nadie un informe con explicaciones. Nadie puede obligarnos a crecer más rápido de lo que sabemos crecer bien.

Ese es el precio del camino lento: es más lento. Pero viene con el derecho a equivocarte sin dar explicaciones.

Por qué dejé de pedir perdón

Creo que el problema nunca fue la empresa, sino la vara de medir que yo usaba.

Si mides por tamaño, por titulares o por cuánto dinero te han metido, siempre quedaremos los últimos. Vale.

Pero si mides por libertad, la clasificación se da la vuelta. Y yo siempre he querido más libertad que tamaño. Por lo que he visto, las dos cosas casi nunca crecen a la vez.

Así que ahora, cuando alguien me echa esa mirada, no explico nada.

Solo pienso: el dinero de nuestros clientes no tiene fecha de caducidad, y nadie puede llamarme el lunes para preguntarme por qué el viernes no crecimos.

Si esto es el premio de consolación, me lo quedo.

Consuela bastante.

P. D.: Si lees esto desde una startup, sin rencor. Pero mira qué hora es.