La newsletter: solo cuando hay algo que contar
Tengo una regla para la newsletter: si no se lo contaría a un amigo, no sale. Por eso algunos meses no sale.
Leer más →Hay empresas que gastan millones en conseguir clientes. Yo me ofrecí a pagar de mi bolsillo para conseguir uno: el primer club de la herramienta que acabaría siendo PagoCRM.
Hay empresas que gastan millones en conseguir clientes.
Yo me ofrecí a pagar de mi bolsillo para conseguir uno.
Te cuento.
En mayo hice la primera oferta de verdad de una herramienta para cobrar las cuotas de los socios de un club. La que acabaría siendo PagoCRM.
Era fácil de explicar. Los socios se inscriben desde un enlace y vinculan su tarjeta para los pagos recurrentes. El club ve quién ha pagado y quién no. Sin hojas de cálculo y sin perseguir a la gente uno por uno, como un cobrador del frac en chándal.
El primer club al que se la ofrecí era una entidad sin ánimo de lucro. Y eso cambió las cuentas.
Le ofrecí una cuota mensual muy por debajo de nuestro precio normal. Y el alta, la poníamos nosotros.
Unos días después, el club contestó que le parecía bien y que lo hablaría con su junta.
No hace falta ser contable para verlo. Cobrábamos menos de la mitad de nuestro propio precio y pagábamos el alta de nuestro bolsillo. Cualquier hoja de cálculo te diría que estábamos comprando un cliente.
Y sí. Eso es exactamente lo que estaba haciendo.
Estaba pagando por algo que no podía conseguir de otra forma: un club real usando el producto, con socios reales y dinero real. Todo lo demás son demos bonitas que no le importan a nadie.
Tu primer cliente no son ingresos. Es la prueba que pagas para que los siguientes te crean.
Eso sí, intenté hacerlo con los ojos abiertos. Primero tenía claro el precio real. Un descuento solo significa algo si hay un precio del que descontar. Y la rebaja iba por escrito en la oferta, bien a la vista. Así la cuota mensual seguía siendo honesta y nadie confundía la rebaja con la tarifa.
Porque el riesgo existe. Un descuento tan grande puede acabar fijando el precio. El primer cliente puede convertirse en la vara de medir de todos los demás. Como ese amigo al que le arreglaste el ordenador gratis una vez y ahora te llama cada vez que se le cuelga el wifi.
Antes de todo eso, por cierto, hicimos algo que nadie comparte en redes: mejoramos nuestro servidor principal. Si íbamos a pedirle a un club que nos confiara las cuotas de sus socios, primero el suelo tenía que ser firme. No haces subir a tu primer invitado a un balcón que cruje.
Foxnice empezó en 2014 con 300 € y sin inversores. Nunca hemos tenido una ronda que gastar en captar clientes.
Lo que tenemos es trabajo para clientes que paga las facturas. Los servicios pagan, y parte de lo que pagan va al producto.
Esa cantidad no es nada para una startup con financiación. Para nosotros era dinero de verdad. Ofrecérsela a un solo club fue una apuesta consciente, no una partida de marketing.
Ahora toca observar. Si la junta dice que sí. Si el club lo usa cada mes. Si los socios pagan con más facilidad. Si quienes llevan el club dejan de perseguir pagos.
Si todo eso pasa, ese dinero habrá sido la investigación más barata que hemos hecho nunca.
Hay empresas que compran clientes con millones.
Yo intentaba comprar una sola frase: «Un club ya lo usa».
P. D.: Si algún día ves a alguien ofreciéndose a pagar para que uses su producto, no siempre es desesperación. A veces es estrategia. Y a veces, las dos cosas.