ESCRITOS

La newsletter: solo cuando hay algo que contar

Tengo una regla para la newsletter: si no se lo contaría a un amigo, no sale. Por eso algunos meses no sale.

Abro mi bandeja de entrada y cuento las newsletters que leo de verdad.

Me sobran dedos de una mano.

Las demás llegan puntuales, eso sí. Todos los meses, con sus «novedades de octubre» y su foto del equipo sonriendo. Y yo las archivo sin abrir con la misma puntualidad.

Así que, al montar la mía, empecé por lo que no quería hacer.

La norma

Solo tiene una:

Si no se lo contaría a un amigo que me pregunta cómo va todo, no sale.

Eso significa que sale más o menos una vez al mes. Y que algún mes no sale.

No me da vergüenza. Me daría más vergüenza mandarte algo escrito solo para rellenar el hueco y no romper la racha. Las rachas son para el gimnasio, no para tu bandeja de entrada.

Qué incluye

Lo mismo que le contaría a un amigo en un bar.

Qué hemos construido y por qué. Qué no ha funcionado, que suele ser lo más interesante. En qué he cambiado de opinión, que pasa más de lo que me gustaría admitir.

A veces es una idea que me ha hecho cambiar de rumbo. A veces, un error del que he aprendido. A veces, una decisión que todavía no sé si fue buena.

Lo que no incluye: ofertas, listas de «10 claves para…» ni frases motivadoras sobre fotos de montañas.

Para quién es

Para gente que tiene o quiere tener una empresa pequeña y rentable. Que no ha buscado inversores o no quiere hacerlo. Que prefiere la libertad al tamaño y sospecha, como yo, que lo segundo no siempre trae lo primero.

Si eres de esos, el botón de arriba es por donde se empieza.

Y si un día deja de interesarte, te das de baja con un clic. No me lo tomaré a mal. Prefiero un lector menos que uno que me archiva sin abrir.

De esos ya tengo bastantes en mi propia bandeja.

Y soy yo.