ESCRITOS

PagoCRM arrancó en un club de atletismo

Durante meses, nuestra herramienta de cobro de cuotas no tuvo un nombre de verdad. En octubre arrancó en un club de atletismo y, entre un lío con los movimientos bancarios y un logo en una campaña, empezó a ser PagoCRM.

Durante meses la llamamos «la herramienta».

Como quien llama «el perro» a su perro porque le da cosa ponerle nombre.

En octubre empezó a ser PagoCRM. Y no fue en una reunión de marca, sino en un club de atletismo.

Te cuento.

Le escribí al club para decirle que su plataforma de cobro de cuotas ya estaba activa. Los socios podían inscribirse desde la web y elegir un plan.

El primer plan era sencillísimo: socio colaborador, una cuota anual muy modesta. Gente que quiere apoyar al club sin tener que ponerse a correr.

Era poca cosa, lo sé. Pero era la primera vez que un club tenía su propia plataforma, construida por nosotros, lista para sus socios.

Cobrar es fácil. Saber de quién es el dinero, no tanto

Y entonces llegó la parte que nadie ve: cuadrar los cobros.

El dinero llega a una cuenta y alguien tiene que saber qué es cada movimiento y de quién es. Así que esos días probamos una herramienta gratuita que lee los movimientos bancarios, para hacer ese emparejamiento de forma automática.

La herramienta era fácil de usar. El problema era otro: el concepto de la transferencia no siempre llegaba.

Y sin concepto, un movimiento es solo un importe y una fecha. Como encontrarte un billete de 20 en el bolsillo del abrigo: alegría, sí, pero ni idea de dónde ha salido.

Eso me enseñó algo sobre nuestro propio producto. Cobrar es un problema. Saber de quién es el dinero es otro. Y creo que el segundo es donde de verdad sufren los tesoreros.

El día que salió el logo

El club empezaba su campaña de socios, y ese mismo día Yeray me escribió que estaría bien que saliera el logo de PagoCRM.

Y ahí caí.

La herramienta tenía nombre, tenía logo y tenía un motivo para aparecer al lado de un club real. Esa misma semana preparamos también las primeras facturas de prueba.

Lo reconozco: durante mucho tiempo la traté como un proyecto paralelo. Algo que pagaba la agencia y que se construía en los huecos entre trabajos para clientes.

Creo que una parte de mí evitaba darle una identidad de verdad porque eso era comprometerse. Si tenía nombre, podía fracasar con nombre. Con nombre y apellidos.

Era miedo disfrazado de modestia.

Al club le daba exactamente igual si nosotros nos sentíamos preparados. Necesitaba cobrar sus cuotas, y nuestra herramienta estaba ahí para hacerlo.

Un producto recibe su nombre de verdad el día que aparece al lado del de un cliente.

Con un club en marcha, la pregunta cambió sola: ¿cómo llegamos a los siguientes?

Fue la primera vez que pensé en vender PagoCRM, y no solo en construirlo.

PagoCRM lo pagó el trabajo para los clientes de Foxnice. Sin inversores, sin presupuesto de lanzamiento y sin un equipo dedicado. Es lento. Pero significa que el producto existe porque un club lo necesitaba, no porque nosotros necesitáramos una presentación para inversores.

Durante meses fue «la herramienta».

Un club de atletismo le dio un motivo para tener nombre.

P. D.: Si tienes un proyecto al que todavía llamas «la herramienta», pregúntate de qué tienes miedo.