Nuestros clientes son los únicos inversores que hemos tenido
Tenemos inversores desde el primer día, aunque nunca nos han pedido participaciones. Son nuestros clientes, y con sus facturas hemos pagado todos nuestros productos.
Leer más →En todas las listas de objetivos que veo aparece «ser el más grande». En la mía, no. Querer ser el más grande es la forma más rápida que conozco de perder la libertad.
Nunca he querido tener la agencia más grande de Girona.
No por modestia. Por pereza, probablemente. Y por un poco de matemáticas.
Me explico.
Cada vez que alguien pregunta por el futuro de una empresa pequeña, la pregunta viene con un tamaño incorporado. ¿Cuántos seréis? ¿Cuántos clientes tendréis? ¿Cuándo abriréis otra oficina? Como si la única dirección posible fuera hacia arriba.
Entiendo el atractivo. Ser grande suena a seguridad, a seriedad. Y queda muy bien en LinkedIn.
Pero me he dado cuenta de que cada paso hacia el tamaño viene con su factura. Y no siempre se paga en dinero.
Más gente significa más sueldos. Más sueldos significa que necesitas más proyectos cada mes, te gusten o no. Y más proyectos significa que dejas de elegirlos.
Después necesitas vender. Luego, alguien que se encargue de las ventas. Y luego, a menudo, necesitas un dinero que no tienes, así que se lo pides a alguien que sí lo tiene. Y ese alguien, con toda la razón, lo quiere de vuelta con intereses. O quiere opinar.
En ningún momento nadie decidió renunciar a su libertad. Simplemente se fue, un paso sensato detrás de otro.
Querer ser el más grande es la forma más rápida que conozco de perder la libertad.
No digo que crecer sea malo. Digo que el tamaño no es un objetivo, sino un efecto secundario. Y si lo persigues directamente, suele traer acompañantes que no habías invitado.
Algo mucho menos fotogénico.
Una empresa pequeña que gane dinero. Que Yeray y yo podamos dirigir sin pedir permiso a nadie. En la que podamos decirle que no a un cliente que no encaja. En la que podamos dedicar unos meses a algo que quizá no funcione sin tener que justificarlo en un informe trimestral.
Esto último me importa mucho. Los servicios pagan los productos que queremos construir. Es más lento, pero ir despacio tiene un lujo que ir rápido no se puede permitir: no tener que rendirle cuentas a nadie.
En el mundo startup, una empresa así «no cuenta». Demasiado pequeña, poco ambiciosa. Lo llaman «negocio para vivir bien», con ese tonito.
Por mí, perfecto. Me quedo con lo de vivir bien.
Este año ha sido una buena prueba. Cuando todo se paró en primavera, ser pequeños nos permitió adaptarnos rápido. Sin consejo de administración, sin comités y sin inversores pidiendo un plan nuevo. Solo dos personas decidiendo qué hacer y haciéndolo.
Seguro que en Girona hay agencias más grandes que la nuestra. Probablemente varias. Ojalá les vaya bien.
Y ojalá también sean libres. Eso no te lo garantiza ningún tamaño.
Prefiero tener la agencia más libre de Girona que la más grande.
Nadie da premios por eso. Y, siendo sincero, en parte esa es la gracia.
P. D.: Si tienes un ranking de agencias por tamaño, déjanos tranquilamente al final. Ahí abajo estamos muy bien.