ESCRITOS

No tengo plan B. Tengo clientes

Todo el mundo pregunta por el plan B. Yo nunca escribí uno. Lo que tengo es menos glamuroso: gente que paga cada mes por un trabajo que no se para aunque se pare el mundo.

Todo el mundo me pregunta por el plan B.

No tengo.

Nunca lo escribí, ni siquiera antes de todo esto. Ningún cajón con una estrategia de emergencia. Ninguna presentación con tres escenarios de colores.

Lo que tengo son clientes.

Suena a frase fácil. Te explico por qué no lo es.

El dinero aburrido

En Foxnice hacemos dos tipos de trabajo. Por un lado, lo que nos gustaría construir: productos propios, ideas que algún día quizá se sostengan solas. Por otro, servicios: webs, mantenimiento, arreglar lo que se rompe y que todo siga funcionando.

Lo primero es la parte emocionante. Lo segundo paga las facturas.

Durante años vi lo segundo como un mal necesario. Lo que haces mientras esperas a poder hacer lo que de verdad quieres.

Este mes he cambiado de opinión.

Cuando todo se para, los proyectos emocionantes son los primeros en congelarse. Nadie lanza nada nuevo en pleno confinamiento. Nadie quiere oír hablar de tus planes de futuro.

Pero las webs tienen que seguir funcionando. Los servidores siguen necesitando que alguien los vigile. Los correos tienen que seguir llegando. Ese trabajo no se para aunque se pare el mundo.

Un plan B es algo que escribes por si las cosas van mal. Los clientes son algo que construyes para no necesitarlo.

Una red hecha de cosas pequeñas

No voy a fingir que nadie lo está pasando mal. Muchos pequeños negocios lo están pasando fatal ahora mismo. Todas las empresas pequeñas que conozco están haciendo cuentas de madrugada.

Y no digo que los servicios te hagan inmune. No lo hacen. Cuando un cliente tiene que cerrar, su cuota se va con él.

Lo que digo es que muchos pagos pequeños y recurrentes se comportan de forma distinta a una gran apuesta. Si cae uno, los demás siguen ahí. No es un muro, es una red. Algo deshilachada, vale. Pero una red.

Eso es lo que nadie pone en una presentación para inversores sobre los ingresos por servicios: no impresionan, y no les hace falta. Solo tienen que llegar el mes que viene. Y el siguiente.

Por qué ya no me da vergüenza

En el mundo startup, una empresa que vive de servicios «no cuenta». No es escalable, no es atractiva. Es una agencia.

Vale.

Pero me he dado cuenta de que las empresas que sí «cuentan» son justo las que ahora mismo necesitan un plan B. Porque su plan A era el dinero de otros, y el dinero de otros este mes está muy nervioso.

El nuestro no. El nuestro viene de gente que paga porque el trabajo le sirve. Es un dinero sin prisa, que no te pide una previsión nueva cada vez que cambian las noticias.

Así que cuando los servicios pagan el producto, no estoy dando un rodeo. Estoy cogiendo el camino largo a propósito. Más lento, sí. Pero sin nadie más agarrando el volante.

Así que no. No tengo plan B.

Tengo una lista de personas que pagan cada mes por algo que hoy sigue funcionando.

Ese es mi plan A. Y resulta que también era el B.

P. D.: Si esta semana alguien te vende una plantilla de plan B, pregúntale cuál era su plan A.