Nuestros clientes son los únicos inversores que hemos tenido
Tenemos inversores desde el primer día, aunque nunca nos han pedido participaciones. Son nuestros clientes, y con sus facturas hemos pagado todos nuestros productos.
Leer más →Una startup es una empresa pensada para convertirse en otra cosa. Yo prefiero una pensada para seguir siendo lo que es: pequeña, rentable y libre. Para el mundo startup no cuenta. A mí me da igual.
Cada vez que digo «estamos construyendo un producto», alguien me hace la misma pregunta.
«Entonces, ¿ahora sois una startup?».
No. Y he dejado de pedir perdón por ello.
Tal como yo lo entiendo, una startup no es solo una empresa joven. Es una empresa pensada para convertirse en otra cosa: más grande, mucho más grande, y rápido. El plan no es ser rentable el año que viene. El plan es crecer hasta que alguien te compre o hasta ser tan grande que la rentabilidad pase a ser problema de otro.
Para eso necesitas combustible. Normalmente, dinero de otros.
Y el dinero de otros viene con cuenta atrás. Desde el día que llega, trabajas para la siguiente ronda, para la venta o para el momento en que tengas que explicar por qué no está pasando ninguna de las dos cosas.
No digo que esté mal. Para algunas ideas es el único camino. Si construyes algo que solo funciona a una escala enorme, necesitas muchísimo dinero.
Nosotros no construimos eso. Y no quiero esa cuenta atrás.
Una ronda no te da tiempo: te pone una cuenta atrás. El dinero de los clientes no tiene prisa.
Lo que yo quiero es menos emocionante de contar.
Una empresa pequeña y rentable. Que pague a su gente, que pague sus propios productos y que no le deba explicaciones a nadie por crecer despacio. Que pueda decir que no a un cliente, a una función o a una oportunidad sin preguntarle a ningún consejo.
En el mundo startup, una empresa así no cuenta. Es un «negocio para vivir bien», dicho con el mismo tono con el que hablarías de un pasatiempo. Nadie escribe artículos sobre empresas a las que simplemente les va bien sin hacer ruido.
Me hace gracia. Porque, desde mi punto de vista, que te vaya bien sin hacer ruido es un objetivo muy ambicioso. La mayoría de las empresas, con financiación o sin ella, no lo consiguen.
Empezamos con 300 euros y sin nadie a quien pedirle dinero. Yo no tenía contactos. En mi familia nadie había tenido nunca una empresa. Nunca iba a haber una ronda.
Así que podrías decir que hago de la necesidad virtud. Puede ser. Me imagino que muchas convicciones empiezan así.
Pero incluso ahora, con los productos empezando a tomar forma y los servicios pagando las facturas, no cambiaría el orden. Los servicios pagan el producto. El producto, si funciona, paga la libertad. Y nadie en medio preguntando cuándo vamos a ser más grandes.
Querer ser el más grande es la forma más rápida que conozco de perder la libertad. Cada paso hacia «el más grande» es un paso hacia necesitar el dinero de otro, la aprobación de otro y los plazos de otro.
Prefiero ser dueño de algo pequeño que trabajar para algo grande que, casualmente, lleva mi nombre.
Así que no, no somos una startup.
Somos algo mucho menos de moda.
Una empresa que tiene intención de seguir aquí.
P. D.: Si eres inversor y has llegado hasta aquí, gracias. Pero, por favor, no me mandes ninguna propuesta de inversión. No sabría en qué carpeta guardarla.