ESCRITOS

No quiero ser el mejor vendedor de mi empresa

Si el fundador es el mejor vendedor de la empresa, la empresa tiene un problema, y ese problema lleva su nombre.

No quiero ser el mejor vendedor de mi empresa.

En parte porque no tiene ningún mérito: somos dos.

Pero, sobre todo, porque si lo soy, la empresa tiene un problema, y ese problema lleva mi nombre.

El fundador vende… hasta que no puede

En una empresa pequeña, el fundador vende. Es casi una ley natural. Nadie conoce mejor el producto, a nadie le importa más y nadie más está libre.

Yo he hecho mi parte. Correos a empresas que no nos conocían, llamadas, y explicar por enésima vez qué hacemos y por qué merece la pena.

Y funciona. Hasta cierto punto.

Ese punto es tu propia agenda. Un fundador que está vendiendo no está construyendo, ni atendiendo clientes, ni pensando. Cada hora que dedicas a vender se la quitas a otra cosa. Normalmente al producto. A veces, al sueño.

Y hay un lado peor. Si las ventas dependen de mí, cualquier semana en que esté cansado, ocupado o simplemente en otro sitio, las ventas se paran. La empresa no tiene un proceso de venta. Tiene un fundador con semanas buenas y semanas malas.

Si solo el fundador sabe venderlo, no tienes un producto. Tienes un fundador con un trabajo extra.

Lo que un producto tiene que explicar por sí solo

He llegado a la conclusión de que la verdadera prueba de un producto no es si yo sé venderlo. Claro que sé: lo he construido yo y no soy nada objetivo.

La prueba es si otra persona puede venderlo sin que yo esté delante.

Eso te obliga a hacerte preguntas incómodas. ¿Se puede explicar en una frase? ¿El precio está tan claro que nadie tiene que improvisar un presupuesto? ¿La promesa se sostiene cuando la repite alguien que no sabe cómo funciona por dentro?

Si la respuesta es no, el problema no es el vendedor. Es el producto, o cómo lo contamos.

Es la pregunta que me hago una y otra vez con PagoCRM. No cómo venderlo más yo, sino cómo hacerlo tan sencillo que algún día pueda venderlo otra persona. Porque para pasarle algo a alguien, primero tiene que caberle en las manos.

Dejar que otro hable de tu criatura

Intuyo que lo difícil no será el dinero. Repartir margen es fácil de aceptar sobre el papel.

Lo difícil será dejar que otra persona describa lo que has construido. Usará otras palabras, destacará cosas que tú no destacarías y se saltará justo la parte de la que estás más orgulloso.

Solo de imaginarlo escuece un poco. Y creo que es sano.

Porque la alternativa es una empresa que solo puede crecer tan rápido como yo hablo. Y eso es un techo, no una estrategia.

Y, como siempre, está el tema de la libertad. Sin inversores, nadie nos obliga a montar un equipo comercial. Pero tampoco nadie lo paga. Así que la única forma de vender sin que me cueste la semana entera es que vender no dependa de mí.

No quiero ser el mejor vendedor de mi empresa.

Quiero que no haga falta que yo esté para cerrar una venta.

P. D.: Si me llamas, te lo cogeré igualmente. Solo espero que para entonces alguien lo haya cogido antes.