ESCRITOS

No me da miedo la IA. Me da miedo usarla mal

La IA no le da criterio a una empresa pequeña. Solo acelera el que ya tiene… y también la falta de él.

No me da miedo la IA.

Me doy miedo yo con IA pasada la medianoche.

Me explico.

Algunas de mis ideas solo parecen brillantes de noche. Por la mañana se ven como lo que son. Y lo que separa una cosa de la otra no es ninguna herramienta: es dormir, y tener un socio que lo lee todo con la cabeza despejada.

Ahora imagina una de esas ideas con una herramienta detrás. Un plan, un borrador y tres correos antes de que me termine el café. Suena de maravilla, hasta que te acuerdas de que la idea era mala.

Más rápido no significa mejor

Cada semana llega una promesa nueva: hacer en una tarde lo que antes costaba un mes. Escribir el código, responder al cliente, montar el producto.

No dudo de que parte sea verdad. Hago software para pequeños negocios y mantengo webs que tienen que seguir funcionando. Sería absurdo decir que esto no va conmigo.

Pero me he dado cuenta de una cosa de la velocidad: le da igual lo que le pongas delante.

Si le pones criterio, multiplica el criterio. Si le pones una idea de medianoche, también la multiplica. Y sin una sola falta de ortografía.

La IA no te da criterio. Solo acelera el que ya tienes, y también la falta de él.

Eso es lo que me preocupa. No que la máquina piense, sino dejar de pensar yo.

Contestar a un cliente sin leer bien su problema porque la respuesta ha quedado muy bonita. Lanzar una función que nadie ha pedido porque solo ha costado una tarde. Mantener un servidor que ya no entiendo del todo porque otra cosa lo ha entendido por mí.

En nuestro oficio, entender es el trabajo. Puedes delegar el trabajo, pero no la responsabilidad. No creo que una herramienta cambie eso. Al contrario, lo hace más importante.

Nadie me pide una presentación sobre IA

Y aquí está lo que me gusta de dirigir una empresa sin inversores.

Nadie está esperando mi estrategia de IA. No hay consejo de administración al que enseñarle una presentación con un robot, ni ronda que necesite la palabra de moda para cerrarse.

Sin dinero con prisa, las decisiones tampoco tienen prisa. Puedo mirar las cosas con calma y decidir más adelante. O no decidir.

Con el dinero siempre he tenido una norma: no lo meto en cosas que no sé explicar. Creo que sirve también para las herramientas. Si no sé explicar en una frase qué le aporta algo a un cliente sin usar la palabra «revolucionario», todavía no está listo para tocar su negocio.

Y tengo la impresión de que los clientes tampoco piden IA. El tesorero de un club quiere cobrar las cuotas. Quien lleva un alojamiento rural quiere que entren reservas y que la web no se caiga. Quieren menos problemas, no más palabras de moda.

Si algún día una herramienta nueva les ayuda con eso, perfecto. La usaré sin hacer ruido.

Si solo sirve para que parezcamos modernos, no, gracias. Llevamos doce años sin parecerlo y no voy a estropearlo ahora.

Así que no, no me da miedo la IA.

Me da miedo la versión de mí que quiere ahorrarse veinte minutos y, de paso, dejar de pensar.

Por suerte, esa versión tiene un socio que lo lee todo por la mañana.

P. D.: Si algún día anuncio que Foxnice es una empresa «AI-first», mira primero qué hora es.