ESCRITOS

Los socios no necesitan estar de acuerdo. Necesitan confiar el uno en el otro

La gente da por hecho que los socios duran porque piensan igual. Yeray y yo llevamos más de veinte años juntos precisamente porque no es así.

Yeray y yo no estamos de acuerdo en todo.

Menos mal.

A veces me preguntan cómo puede durar tanto una sociedad. Normalmente esperan algo como «pensamos igual». Pues no pensamos igual. Nunca lo hemos hecho. Y creo que es uno de los motivos por los que funciona.

Nos conocemos desde hace más de veinte años. Con catorce organizábamos eventos para unas 3.000 personas. Después, Foxnice arrancó con los dos, 300 € y sin dinero de nadie. Pasamos de ser dos autónomos a una sociedad civil. Dos personas, la misma empresa y dos cabezas muy distintas.

Estar de acuerdo está sobrevalorado

Si dos socios están de acuerdo en todo, uno de los dos sobra.

Suena a chiste, pero lo digo en serio. Lo valioso de tener socio no es tener un segundo par de manos. Es tener una segunda forma de ver las cosas. Si esa segunda forma es una copia de la mía, estoy pagando por un eco.

Yo tiendo a ir por delante. Veo una idea y quiero construirla esa misma noche. Yeray suele hacer la pregunta que yo me he saltado. No siempre, pero sí lo bastante como para que haya aprendido a esperarla.

Esa diferencia a veces molesta. Pero más de una vez nos ha librado de hacer alguna tontería con muchísimo entusiasmo.

Un socio que siempre te da la razón no es un socio. Es un espejo con participaciones.

Qué es la confianza de verdad

Entonces, si no es estar de acuerdo, ¿qué es?

Confianza. Pero no la de las tazas con frases motivadoras. Algo mucho más práctico.

Confiar es saber que, cuando no está de acuerdo conmigo, es por el bien de la empresa, no por mí. Es no revisar su trabajo a sus espaldas. Es poder decirle «creo que te equivocas» sin que eso acabe en una semana de silencio. Y también es aceptar, a veces, que él tenía razón y yo no. Esa es la que menos me gusta.

Cuando hay confianza, discrepar deja de ser peligroso y se vuelve útil. Puedes discutir un precio, un cliente o el rumbo de la empresa y salir de la conversación en el mismo bando.

Cuando no la hay, hasta las decisiones más pequeñas se convierten en negociaciones. Y empiezas a llevar la cuenta, que para mí es el principio del fin de cualquier sociedad.

Por qué importa más sin inversores

Hay un motivo por el que esto pesa especialmente en una empresa como la nuestra.

No tenemos consejo de administración ni inversores que zanjen una discusión. Nadie de fuera va a venir a decirnos quién tiene razón.

Forma parte de la libertad que elegimos: nadie nos marca el ritmo. Pero también significa que, si Yeray y yo dejamos de confiar el uno en el otro, no hay árbitro. Solo dos personas y una empresa en medio.

Así que intento cuidar esa confianza como cuidaría un servidor: sin hacer ruido, con regularidad y antes de que algo se rompa. Sobre todo, siendo sincero pronto en lugar de educado tarde.

Seguimos sin estar de acuerdo en muchas cosas. En a qué velocidad ir. En a qué decir que sí. En cosas en las que estoy convencido de tener razón y probablemente no la tengo.

Y está bien.

No necesitamos estar de acuerdo. Solo necesitamos seguir sabiendo que estamos en el mismo bando.

P. D.: Yeray leerá esto y no estará de acuerdo con al menos una frase. Lo cual, bien mirado, me da la razón.