Nuestros clientes son los únicos inversores que hemos tenido
Tenemos inversores desde el primer día, aunque nunca nos han pedido participaciones. Son nuestros clientes, y con sus facturas hemos pagado todos nuestros productos.
Leer más →La respuesta sincera es aburrida: empezaría igual, pero con menos tonterías. Lo que mantendría, lo que dejaría antes y lo que no cambiaría aunque doliera.
A la gente le encanta preguntar qué harías distinto.
Normalmente esperan algo dramático: «habría buscado inversores», «me habría ido a Berlín».
Mi respuesta es mucho más aburrida. Empezaría igual, pero con menos tonterías.
Volvería a empezar con casi nada. Foxnice arrancó en 2014 con Yeray, 300 euros y sin dinero de nadie. No porque fuéramos muy listos, sino porque no había a quién pedírselo. No tenía contactos y en mi casa nadie había tenido nunca una empresa.
En su día me pareció una desventaja. Hoy creo que es lo mejor que nos pudo pasar.
Cuando nadie te presta nada, cada euro tiene que salir de un cliente. Y un cliente que paga es el estudio de mercado más honesto que existe. Aprendes muy rápido qué quiere la gente de verdad, que no suele coincidir con lo que dice en un evento de networking.
Volvería a empezar con servicios. Hacer webs y mantenerlas lo pagó todo. Cada producto que tenemos hoy, PagoCRM, Foxnice Booking y Foxnice Restaurant, nació de un problema que ya habíamos resuelto varias veces para clientes. No lo cambiaría por una idea brillante apuntada en una servilleta.
Y volvería a empezar con Yeray. Eso ni se discute.
Esta lista es más larga, pero intentaré ser breve.
Aprendería a decir que no antes. Durante años vi cada petición como una oportunidad: un desarrollo a medida por aquí, un caso especial por allá. Cada uno parecía poca cosa, pero todos juntos eran una segunda empresa que nadie había decidido montar. Al final lo dejamos por escrito: el soporte no incluye desarrollo. Eso lo pondría por escrito el primer día.
Perdería menos tiempo con caminos paralelos que parecían dinero fácil. Hemos dedicado horas a cosas que parecían un atajo y resultaron ser un rodeo. Algunas dieron algo de dinero. Todas nos quitaron foco. Y el foco es lo único que una empresa pequeña no puede comprar.
Dejaría mucho antes de ser la persona por la que pasa todo. He sido el cuello de botella de mi propia empresa más tiempo del que me gusta reconocer. No por ego, sino por costumbre. «Si lo hago yo, acabo antes» es verdad cada vez, pero mentira cuando lo sumas a lo largo de un año.
Y valoraría antes las dudas de Yeray. No porque siempre tenga razón, sino porque suele tenerla en cosas distintas que yo, y una empresa necesita las dos.
Si volviera a empezar, no cambiaría el camino. Solo me desviaría menos para ver el paisaje.
Los errores con dinero que sabía explicar.
He invertido en cosas que entendía y aun así me he quemado. La diferencia es que sabía por qué había salido mal, y eso es una lección. Perder dinero en algo que nunca entendiste no es una lección: es un boleto de lotería.
Y la lentitud. Crecer sin inversores es más lento. Los productos que se pagan con clientes de servicios tardan más en salir, porque tienen que encajar en los huecos entre proyecto y proyecto.
Pero esa lentitud me dio algo que no devolvería: el derecho a equivocarme sin dar explicaciones a nadie. Sin consejo, sin rondas y sin cuenta atrás.
Entonces, si empezara hoy, ¿haría algo distinto?
Sí. Más o menos un quince por ciento.
El otro ochenta y cinco lo haría exactamente igual, pero durmiendo más.
P. D.: Lo del quince por ciento es a ojo. No he hecho ninguna hoja de cálculo. Esa sería otra de las cosas que haría distinto.