La newsletter: solo cuando hay algo que contar
Tengo una regla para la newsletter: si no se lo contaría a un amigo, no sale. Por eso algunos meses no sale.
Leer más →Lanzamos en la peor semana del año para lanzar nada. Un correo, un enlace, y las primeras altas llegaron ese mismo día.
Todo el mundo sabe que entre Navidad y Año Nuevo no se lanza nada.
Nosotros lanzamos el 27 de diciembre.
Te cuento.
Un organizador de torneos de fútbol necesitaba una plataforma para gestionar inscripciones y pagos. Altas y cobros online, en un mismo sitio.
La construimos sobre todo lo que habíamos aprendido durante el otoño con los clubes: formularios que generan las cuotas y cobros que se hacen sin que nadie tenga que perseguir a nadie.
El día 27 la pusimos en marcha. Se mandó un correo a unas cien familias.
Y las primeras altas llegaron ese mismo día.
Familias apuntándose en plenas fiestas, con la sobremesa todavía a medias.
Sin campaña ni evento. Un correo y un enlace que funcionaba.
Sobre el papel, era un error. Medio país de vacaciones, nadie mira el correo y, si algo se rompe, no hay nadie para arreglarlo.
El consejo de manual es esperar a enero. Hacerlo bien. Montar un acontecimiento.
Pero el torneo tenía su propio calendario, y las familias necesitaban tiempo para inscribirse. Esperar a enero nos habría dado un lanzamiento más vistoso, pero peor para ellas.
Además, en vacaciones las familias tienen algo que no tienen el resto del año: un poco de tiempo en casa. Y, me imagino, ganas de hacer algo que no sea fregar platos.
El día adecuado para lanzar es el día en que tus usuarios lo necesitan, no el que el calendario dice que es bueno.
Dos días después llegó otro recordatorio de lo mismo. Le mandé a un programador externo lo que necesitaba para terminar los cupones con extras del motor de reservas de unas cabañas. Tenían que estar listos para la apertura del 10 de enero.
Otra fecha fija. Otra apertura que no se iba a mover porque nosotros estuviéramos de vacaciones.
Es el precio de trabajar para negocios con calendarios de verdad: sus fechas se convierten en las tuyas. Puedes quejarte o puedes decidir abiertamente si merece la pena y descansar después. Prefiero lo segundo. Quejarme ya lo hago gratis cualquier otro día.
Mirando atrás, el año empezó conmigo pidiéndole a un programador que aparcara los pagos y terminara los calendarios.
Y acabó con familias inscribiéndose online el mismo día del lanzamiento y un motor de reservas preparando novedades para su siguiente apertura.
Entre medias, un presupuesto que me atreví a hacer sincero y un formulario que me cambió la forma de ver los clubes.
Los servicios siguieron pagando las facturas. Y por debajo, sin inversores ni prisas, algo que se parecía mucho a un producto empezó a tomar forma.
Despacio. Que es el único ritmo que hemos tenido nunca.
Lanzamos en la peor semana del año.
Nadie se lo dijo a los padres.
P. D.: Nadie necesita un gran anuncio. Necesita un enlace que funcione cuando hace clic. Lo demás es decoración navideña.