ESCRITOS

La ambición no tiene por qué ser tamaño

Cuando digo que no quiero ser el más grande, la gente entiende que no soy ambicioso. Yo creo que lo soy bastante. Solo que apunto a otro sitio.

«¿Y cómo ves Foxnice dentro de cinco años?».

Quien lo pregunta suele esperar un número. Más gente, más oficinas, más ciudades.

Y suelo decepcionarle.

La pregunta detrás de la pregunta

Nos han enseñado que la ambición solo tiene una dirección: hacia arriba y hacia fuera. Más facturación, más empleados, más metros cuadrados. Si no quieres crecer, es que te has rendido.

Cuando digo que no quiero tener la agencia más grande, veo cómo me meten en el cajón de «poco ambicioso». Buen chaval, pero con planes pequeños.

Creo que lo tienen al revés. Soy bastante ambicioso. Lo que pasa es que no apunto al tamaño.

Lo que quiero de verdad

Te lo digo claro, porque «quiero libertad» suena a postal.

Quiero que nuestros productos se sostengan solos. PagoCRM, el motor de reservas… No como proyectos para los ratos libres, sino como herramientas que clubes y negocios usan cada día y pagan cada mes.

Quiero ser muy bueno en pocas cosas en lugar de normalito en muchas.

Quiero decidir qué construimos, al ritmo que nosotros elijamos, sin pedirle permiso a nadie.

Y quiero seguir haciéndolo con Yeray, como empezamos, sin que se siente a la mesa alguien que solo ha venido a buscar su salida.

Nada de eso exige ser grande. Algunas cosas, de hecho, son más difíciles si lo eres.

Querer ser el más grande es la forma más rápida que conozco de perder la libertad.

Por qué el tamaño estorba

El tamaño tiene un coste que nadie pone en la presentación para inversores.

A cada persona que contratas hay que pagarla todos los meses, pase lo que pase. Cada oficina hay que llenarla. Cada ciudad nueva necesita un motivo para existir. Y al poco tiempo la empresa ya no hace lo que tú querías, sino lo que hace falta para mantener la máquina en marcha.

Y si creces con dinero de otros, encima de esa máquina hay otra: la suya. También hay que alimentarla, y solo come crecimiento.

He visto lo suficiente para saber que no quiero eso. No porque esté mal, sino porque no es a lo que aspiro.

Otra forma de ser ambicioso

Así que esta es mi respuesta a la pregunta de los cinco años, para que quede claro.

No sé cuántos seremos. Probablemente no muchos.

Espero que nuestros productos paguen más horas de nuestro tiempo que hoy. Espero que sigamos eligiendo nosotros a los clientes, y no al revés. Espero poder seguir diciendo que no sin mirar antes el saldo del banco.

Es un plan ambicioso. Lo que pasa es que no queda bien en una gráfica.

Hay quien quiere construir un imperio.

Yo me conformo con una empresa en la que nadie pueda decirme qué hacer el lunes.

Bueno, pensándolo mejor, «conformarse» no es la palabra.

P. D.: Si alguna vez me hiciste la pregunta de los cinco años y te di un número, solo estaba siendo educado.