ESCRITOS

Hace casi diez años empezamos Foxnice con 300 €

Mientras esperábamos al notario para convertir Foxnice en sociedad limitada, me puse a pensar en cómo empezó todo: sin web propia, con 300 € y sin dinero de fuera.

Me he pasado este diciembre esperando a un notario.

Que, por lo visto, es un momento estupendo para pensar de dónde vienes.

El plan era sencillo: Foxnice funcionaría como sociedad limitada a partir del 1 de enero de 2024.

El papeleo, no tanto. A mediados de diciembre, la gestoría nos avisó de que la notaría iba más lenta de lo normal. Había cambiado la ley de transformaciones y no estábamos constituyendo una empresa desde cero. Sin escrituras firmadas, no hay NIF.

Yeray no paraba de insistir para tener ese NIF a tiempo y que las facturas del 1 de enero salieran ya con los datos de la nueva sociedad. Como quien sujeta la puerta del ascensor con una mano.

¿Y yo? Me puse a pensar en cómo empezó todo esto.

Una web antes de vender webs

Hice mi primera web con 12 años.

En noviembre de 2012, Yeray y yo hablábamos de vender webs a empresas. Me hizo una pregunta que todavía recuerdo: ¿no es un poco raro ir a vender webs si ni siquiera tenemos una?

Tenía razón. Quedamos en hacer primero la nuestra.

En la primavera de 2013 me di de alta como autónomo. No tenía ni nombre comercial. En la descripción de la actividad puse «software como servicio». No sé si entonces entendía del todo lo que significaba. Solo sabía que era hacia donde quería ir.

Y en 2014 nació Foxnice. Con 300 €, sin inversores y sin dinero de fuera.

Con 300 € no se compra gran cosa

La versión sincera no tiene nada de heroica.

Con 300 € te compras un poco de tiempo para encontrar el primer cliente. Y más te vale encontrar el segundo.

Cuando hay poco dinero, cada decisión también es pequeña. No puedes contratar, así que aprendes. No puedes comprar todas las herramientas, así que improvisas. No puedes permitirte perder un cliente, así que contestas a todo.

Es fácil envidiar a quien consigue inversión. Puede contratar, probar cosas y equivocarse con el dinero de otros.

Pero, si miro solo este año, veo lo que tuvimos a cambio. Decidimos rehacer webs que no eran lo bastante buenas. Nos ofrecimos a financiar nosotros la web de un club. Marcamos nuestro propio ritmo con PagoCRM.

Nadie tuvo que darnos permiso para nada.

Empezar casi sin nada significa que todo lo que construyes después es tuyo.

Si pudiera mandarme una nota a 2014, no sería una lista de normas. Sería algo así: escucha cuando alguien te señala el agujero que estás evitando, porque en 2012 Yeray vio el nuestro antes que yo. Escribe adónde quieres llegar, aunque suene demasiado grande para un alta de autónomo. Deja que el trabajo para clientes pague lo que de verdad quieres construir. Y busca un socio que empuje donde tú no lo haces. Este mes fue el NIF. En junio, una solución mejor a la mañana siguiente de mi solución de madrugada.

Libertad antes que tamaño. Cada vez que lo hemos elegido, creo que hemos acertado.

Lo mismo, con más estructura

Convertirnos en una sociedad limitada parece cerrar un capítulo.

Pero no es un nuevo comienzo. Es lo mismo que empezamos con 300 €, con un poco más de estructura alrededor.

El dinero sigue sin tener prisa. Y el objetivo sigue siendo construir cosas nuestras, al ritmo que nosotros elijamos.

Hace casi diez años fueron 300 € y una pregunta sencilla.

Las preguntas siguen importando más que el dinero.

P. D.: El chaval de 12 años que hacía su primera web no tenía ni idea de qué era el «software como servicio». El de 2013 tampoco mucho más. Lo escribió igualmente.