Nuestros clientes son los únicos inversores que hemos tenido
Tenemos inversores desde el primer día, aunque nunca nos han pedido participaciones. Son nuestros clientes, y con sus facturas hemos pagado todos nuestros productos.
Leer más →En la primavera de 2013 me di de alta como autónomo en Olot y describí mi actividad como «software as a service». No tenía nombre comercial ni software. Lo que pagó las facturas durante años fue otra cosa.
En la primavera de 2013 fui más optimista que preciso.
Y lo dejé por escrito.
Me estaba dando de alta como autónomo en Olot. Hay una casilla donde describes tu actividad. No tenía nombre comercial, ni logo, ni, siendo estrictos, un producto.
Escribí «software as a service».
Quedaba muy bien en el papel.
Sabía exactamente lo que quería ser: alguien que construye un programa por el que la gente paga cada mes. No una web detrás de otra ni una factura por proyecto, sino un producto. Algo que funciona mientras duermes.
Es una idea preciosa, y la tienen muchos programadores. Me imagino que muchos también la escriben en algún sitio, como si escribirla la acercara.
No la acerca.
Lo que pasó de verdad en los años siguientes fue mucho menos elegante. Webs. Mantenimiento. Arreglar cosas a clientes. Aprender, poco a poco, qué es una empresa. Y luego Foxnice, con Yeray, en 2014, casi sin dinero y sin inversores.
Una agencia. Justo lo que no había escrito en el impreso.
El impreso decía «software as a service». La cuenta del banco decía «service». Y durante años, la que tuvo razón fue la cuenta del banco.
Durante mucho tiempo lo vi como un desvío. El plan de verdad era el producto, y la agencia era lo que hacía mientras tanto.
He cambiado de opinión.
La agencia no fue el desvío. Fue el camino. Cada cliente nos enseñó algo que no habríamos aprendido solos. Cada problema que se repetía era una pista. Y el dinero de los servicios no tenía prisa: no nos exigía lanzar un producto en una fecha concreta. Solo nos dejaba seguir.
Ahora creo que los mejores productos no salen de una idea apuntada en una servilleta. Salen de problemas que has visto repetirse con clientes de verdad. Y esos solo los ves si has estado ahí, haciendo el trabajo menos glamuroso.
En 2013 todavía no tenía esos problemas delante. Tenía una casilla en un impreso y mucho entusiasmo. Normal que el producto no apareciera.
Este año, parte de lo que hemos construido empieza a parecerse a un producto. Cosas que nacen de lo que los clientes nos pedían una y otra vez. No de una servilleta, sino de un patrón.
Es pronto, es pequeño y lo sigue pagando la agencia.
Y me parece bien. Prefiero construirlo despacio, con el dinero de los clientes, que deprisa, con el dinero de otros y su cuenta atrás.
Así que sí: en 2013 escribí «software as a service» en la casilla de un formulario.
Solo he tardado siete años en darme cuenta de que la parte de «service» era la que hacía todo el trabajo.
P. D.: Ahora, cuando relleno una casilla, pongo lo que hago, no lo que me gustaría hacer. Menos poético, pero mucho más corto.