Nuestros clientes son los únicos inversores que hemos tenido
Tenemos inversores desde el primer día, aunque nunca nos han pedido participaciones. Son nuestros clientes, y con sus facturas hemos pagado todos nuestros productos.
Leer más →Cuando un servidor se queda sin espacio, le añades más. Cuando el que se queda sin espacio es el fundador, no hay plan superior que contratar. Lo estoy aprendiendo por las malas.
Cuando un servidor va justo, sé qué hacer.
Cuando el que va justo soy yo, miro el servidor.
Es broma. Casi.
Me paso buena parte de mi vida laboral cuidando máquinas: discos, memoria, copias de seguridad, actualizaciones. Si algo se está quedando sin espacio, salta un aviso. Si salta el aviso, amplías, mueves cosas o haces limpieza. No siempre es fácil, pero siempre está claro.
Hay una parte de la empresa que no tiene nada de eso.
Yo.
Nadie vigila al fundador.
No hay ningún panel que se ponga en naranja cuando llevo demasiado rato contestando correos. Ningún aviso cuando tengo la cabeza casi llena. Nadie que te escriba diciendo «quizá deberías mirarlo antes de que sea tarde».
Y aunque lo hubiera, ¿qué haría? A un servidor le puedo contratar un plan más grande. A una persona, no. El día tiene las mismas horas de siempre. Lo único que hago es intentar meter más cosas dentro, como quien intenta cerrar una maleta llena sentándose encima.
Funciona un tiempo. Luego revienta la cremallera.
A un servidor le puedes añadir memoria. A un fundador no le puedes añadir horas.
Este ha sido el año de delegar. Freelances, programadores por horas y más gente alrededor del trabajo. Sobre el papel, más capacidad.
Y ha ayudado. Pero también me ha enseñado algo incómodo: delegar genera su propia carga. Explicar el encargo, revisar, responder dudas, perseguir entregas y dar la cara ante el cliente mientras otro hace el trabajo. Te quitas trabajo de la mesa, pero la responsabilidad se queda encima.
Así que la empresa ha crecido un poco y mi capacidad, no. Y el hueco entre las dos cosas se ha llenado como siempre: conmigo, cada vez más tarde por la noche.
Así aprendí a programar de crío, de noche. En algún momento dejó de ser una elección y se convirtió en mi modo por defecto. Me imagino que les pasa a muchos de los que construyen algo por su cuenta.
Antes creía que era hacer más: trabajar más rápido, ser más eficiente, sacarle más jugo a cada hora.
Empiezo a pensar que es lo contrario: hacer menos de lo que solo parece urgente para que quepa lo importante.
En concreto, nada heroico:
Lo último es lo que más se me olvida. Montamos esta empresa para ser libres, no para ser rápidos. Quemarme para crecer antes sería una forma muy rara de usar esa libertad.
Los servidores seguirán creciendo. Esa es la parte fácil: casi todo es cuestión de dinero y de una buena copia de seguridad.
Ampliarme a mí es más difícil.
Y el primer paso, creo, es admitir que no tengo capacidad infinita.
P. D.: Si estás leyendo esto y es más de medianoche, cierra el portátil. El servidor estará bien.