Nuestros clientes son los únicos inversores que hemos tenido
Tenemos inversores desde el primer día, aunque nunca nos han pedido participaciones. Son nuestros clientes, y con sus facturas hemos pagado todos nuestros productos.
Leer más →Foxnice cumple diez años. Buen momento para abrir las cajas del trastero y decidir qué se queda y qué se va.
Diez años es un buen momento para ordenar el trastero.
Abres las cajas. Hay cosas que te alegra encontrar y otras que no te crees que hayas guardado.
Foxnice cumple diez años. Así que esta es mi caja.
Empezar pequeño. Arrancamos en 2014 con 300 € y sin dinero de nadie. En su momento no parecía una estrategia, sino la única opción, porque lo era. Diez años después, lo volvería a elegir a propósito. Empezar pequeños nos enseñó a cobrar desde el primer día y a gastar solo lo que habíamos ganado. Esa costumbre vale más que cualquier ronda.
Yeray. Más de veinte años de amistad y diez como socios. De dos autónomos a una sociedad civil y, este año, a una SL. Es mi contrapeso: cuando me embalo, es él quien frena y hace la pregunta obvia. Todo fundador debería tener a alguien así. Pocos tienen la suerte de llevar organizando cosas con esa persona desde los catorce.
Aprender haciendo. Hice mi primera web con doce años, con cursos gratis por internet y de noche. En casa no había empresarios. Nunca he dejado de aprender así: trabajando, con algo real en juego. Me lo quedaría, aunque sea más lento.
El mantenimiento. Aburrido, silencioso y mensual. Es el dinero que nadie ve y el que paga nuestros propios productos. Si solo pudiera quedarme con una cosa de estos diez años, quizá sería esta.
Diez años no te enseñan qué hacer. Te enseñan qué tendrías que haber dejado de hacer antes.
Decir que sí a todo. Durante años, cada servicio nuevo parecía seguridad, una cosa más que vender. Creo que era justo lo contrario. Cada «sí» nos costaba foco, y el foco es lo único que una empresa de dos personas no puede comprar.
Aguantar demasiado. Más de una vez, las señales de que algo no funcionaba estaban ahí mucho antes de que yo hiciera nada. Me quedaba porque irme era reconocer que había sido un mal negocio. Ese orgullo sería lo primero que tiraría.
Medir la semana en horas. Demasiados correos de madrugada. Demasiadas veces confundí estar ocupado con avanzar.
Los favores que no llamamos favores. Pequeños detalles que acabaron convirtiéndose en obligaciones porque nunca dijimos que eran un detalle. La culpa fue solo nuestra.
Hay cosas que todavía no sé en qué caja meter.
Empezar sin web propia, hasta que Yeray preguntó si tenía sentido vender webs sin tener una. Darme de alta como autónomo en 2013 describiendo la actividad como «software as a service» antes de saber muy bien qué íbamos a vender. Vistas desde hoy, parecen un poco ingenuas. Pero también fueron las que nos pusieron en marcha. Las dejo en la caja otros diez años.
Mirando las dos listas, me doy cuenta de algo. Casi todo lo que me quedaría tiene que ver con la paciencia. Casi todo lo que tiraría tiene que ver con las prisas.
Probablemente sea la década entera resumida en una línea: crecer sin inversores, al ritmo de los clientes y con la libertad por delante del tamaño. Lo dijimos al principio sin saber muy bien qué significaba. Ahora creo que lo sé.
Diez años es un buen momento para ordenar el trastero.
El truco está en no volver a llenarlo.
P. D.: Los 300 € no están en ninguna caja. Se gastaron hace mucho. Bien gastados, me gusta pensar.