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Leer más →Me preguntan si soy autodidacta o si fui a la universidad. Las dos cosas. Y ninguna me enseñó lo que más necesitaba. Tres escuelas y para qué me sirvió cada una.
A veces me preguntan si soy autodidacta o si fui a la universidad.
Sí.
No es una forma de escurrir el bulto. Es la respuesta más exacta que tengo. Aprendí a construir en tres sitios, por este orden: cursos gratis por la noche, una carrera y las empresas de otros. Cada uno me enseñó algo que los demás no podían enseñarme.
Y ninguno me enseñó lo que más necesitaba.
Hice mi primera web a los doce años, con cursos gratis por internet —los de Jesús Conde, si andabas por ahí en aquella época— que veía de noche.
Esa escuela no tenía temario, ni exámenes, ni un profesor que supiera cómo me llamaba. Y eso resultó ser lo mejor que tenía.
Como nadie me decía qué tenía que aprender, aprendía lo que necesitaba para que funcionara lo que tenía delante. Cuando se rompía, lo arreglaba. Cuando no sabía arreglarlo, buscaba hasta que sabía. Es una forma muy desordenada de aprender. Pero también es exactamente como funciona este trabajo.
Lo que me dio esa escuela no fueron conocimientos. Fue cabezonería.
Después estudié en la UPC.
No voy a fingir que la recuerdo como una sucesión de revelaciones. La universidad es más lenta que un tutorial y menos emocionante que una web funcionando. Pero hizo algo que los cursos gratis nunca hicieron: me obligó a entender por qué funcionan las cosas, no solo cómo hacer que funcionen.
Los autodidactas solemos saber cien recetas. La universidad intenta enseñarte a cocinar. Necesitas las dos cosas, pero solo una te sirve cuando la receta todavía no existe.
Los cursos gratis me enseñaron a hacer que las cosas funcionen. La universidad, por qué funcionan. Ninguno me enseñó quién iba a pagar por ellas.
Antes de lanzarme con Foxnice trabajé en Barcelona. Y en 2012 programaba por encargo, desde Olot, la API de una startup de Barcelona.
Esa fue la tercera escuela, y probablemente la más infravalorada. Trabajar para otros te enseña cosas que ningún curso se molesta en explicar. Plazos que son de verdad. Código que tiene que leer otra gente. Clientes a los que les da igual lo elegante que sea tu solución si no está lista el lunes.
Y también te enseña, sin hacer ruido, qué tipo de empresa te gustaría montar algún día. Aunque todavía no lo sepas.
Hay algo que no cubría ninguna de las tres: el negocio.
Cómo ponerle precio a tu trabajo. Cómo encontrar el siguiente cliente antes de que se acabe el actual. Cómo decir que no. Cómo mantener viva una empresa de una factura a la siguiente.
Esa asignatura no tiene curso. O, mejor dicho, tiene miles, y casi todos los imparte gente que se dedica a vender cursos.
Así que la estoy aprendiendo igual que aprendí a programar a los doce: tarde, solo al principio y luego con Yeray. Rompiendo cosas y arreglándolas.
Y eso me devuelve a la pregunta del principio.
¿Autodidacta o universitario? Ahora mismo, otra vez autodidacta. Solo que la matrícula se paga en errores en vez de en tasas.
P. D.: La escuela más barata fue la gratuita. La más cara es en la que estoy matriculado ahora. Y me parece que también es la que más enseña.