ESCRITOS

Cada hora con un cliente es una hora menos para el producto

Financiar un producto con el trabajo para clientes suena muy bien. En la práctica es un intercambio diario: cada hora que paga las facturas es una hora que el producto espera.

Nuestro producto tiene un competidor.

Nuestros propios clientes.

No en el mercado, sino en el calendario.

El modelo que elegimos queda muy redondo cuando lo explicas. La agencia paga las facturas y parte de lo que gana se dedica a construir nuestros productos. Sin inversores, sin rondas y sin la cuenta atrás de nadie.

Sigo creyendo en él. Pero he dejado de fingir que sale gratis.

La cuenta que nadie pone en una presentación

La semana tiene las horas que tiene. No es ninguna revelación, pero es justo lo que importa.

Cada hora que paso arreglando la web de un cliente es una hora que no dedico al producto. Cada tarde con una incidencia, cada noche contestando correos y cada «cambio rapidito» que acaba comiéndose tres horas. Todo eso es tiempo con precio, y ese precio lo paga lo que de verdad queremos construir.

Y no es una pelea justa. El cliente tiene un plazo, un problema y, a veces, un cliente suyo enfadado. El producto solo me tiene a mí, prometiendo que la semana que viene me pongo.

Adivina quién gana.

El trabajo para clientes siempre gana la discusión. Es el único de la sala que ya está pagando.

Por qué lo sigo eligiendo

La respuesta obvia sería: busca inversión, contrata gente y dedícate al producto a jornada completa.

Y lo entiendo. Es más rápido. Sobre el papel, mucho más.

Pero el dinero de los inversores no viene solo. Viene con expectativas y con un calendario que no es el tuyo. A partir de ahí, me temo, cada decisión se mide con ese calendario y no con si el producto está bien.

El dinero de los clientes no funciona así. Es más lento, pero no me obliga a crecer al ritmo de otro. Si me equivoco, puedo arreglarlo sin dar explicaciones a nadie salvo a Yeray. Ese es el trato de ir despacio: cuesta tiempo, pero nadie está encima del producto con un cronómetro.

Prefiero pagar en horas que pagar en libertad.

Pagar el precio a conciencia

Lo que intento ahora es dejar de fingir que ese precio no existe. Si el intercambio es real, prefiero hacerlo a propósito y no sin darme cuenta.

Estoy probando un par de cosas, con resultados regulares:

  • Proteger el tiempo del producto como si fuera un cliente. Si está en el calendario, es una reunión. Si no está, no existe.
  • Dar prioridad al trabajo para clientes que nos enseña algo sobre el producto. Algunos proyectos parecen un desvío. Otros son investigación que paga otro.
  • Delegar el trabajo para clientes que no me necesita, para que las horas que sí me necesitan puedan ir a otra parte.

Nada de eso alarga la semana. Solo hace visible el intercambio.

Y creo que con hacerlo visible basta. Casi todo el daño viene de las horas que regalas sin darte cuenta.

Así que sí, cada hora con un cliente es una hora menos para el producto.

Pero sin esas horas no habría ningún producto que descuidar.

P. D.: Este artículo lo he escrito en horas de producto. Soy consciente de la ironía.