ESCRITOS

Aprendí a hacer negocios a los 14, con Yeray y 3.000 desconocidos

Con 14 años, Yeray y yo organizábamos eventos para unas 3.000 personas. No teníamos ni idea de lo que hacíamos. Y precisamente esa fue la lección.

Mi primera escuela de negocios no tenía aulas.

Tenía 3.000 personas a las que no conocía de nada.

Yo tenía 14 años.

Yeray y yo organizábamos eventos. No cumpleaños: eventos para unas 3.000 personas. A una edad a la que la mayoría de los adultos no te dejaría ni el coche, nosotros nos encargábamos de algo de ese tamaño.

No voy a fingir que me acuerdo de todos los detalles, porque no es así. Y tampoco te voy a inventar una escena heroica. Lo que sí recuerdo es la sensación. Y esa sensación me enseñó más que cualquier detalle.

Hacerlo antes de estar preparado

No teníamos ni idea de lo que hacíamos.

Suena a confesión, pero en realidad es la clave.

Nadie está preparado la primera vez. Ni a los 14 ni a los 40. La diferencia es que a los 14 todavía no sabes que se supone que tienes que esperar a estarlo. Así que no esperas.

Creo que es lo más útil que me dejaron aquellos eventos. No saber organizar algo grande, sino saber que puedes empezar sin saber y aprender sobre la marcha, siempre que te lo tomes en serio.

Nadie está preparado la primera vez. A los 14, simplemente, nadie te ha dicho todavía que tienes que esperar.

Años después, ese mismo instinto seguía ahí cuando arrancamos Foxnice sin inversores y con muy poco dinero. ¿Era sensato? Discutible. ¿Estábamos preparados? Evidentemente no. ¿Lo hicimos igualmente? También evidentemente.

A 3.000 personas les da igual tu edad

Hay otra cosa que un adolescente aprende rápido cuando aparecen 3.000 personas:

A nadie le importan tus excusas.

Les da igual que seas joven, que sea tu primera vez o que algo haya fallado en el último minuto. Han venido a por algo. O pasa o no pasa.

Con los clientes ocurre exactamente lo mismo. Suelen ser más amables, pero es igual.

Cuando eres pequeño, es tentador escudarte en eso: «Solo somos dos», «somos nuevos». Es verdad, pero da igual. La persona que tienes delante tiene un problema y te lo confía a ti. Tu tamaño es asunto tuyo, no suyo.

Elegir socio a los 14

Y luego está Yeray.

La mayoría de la gente elige socio después de años de carrera, algo de networking y, me imagino, bastantes hojas de cálculo. Yo elegí al mío a los 14, sin saber que lo estaba haciendo.

Seguimos juntos, como amigos y como socios. Y él sigue haciendo lo mismo que entonces: hacer de contrapeso. Cuando yo acelero, él frena. Cuando me vengo arriba, hace la pregunta aburrida que nadie quiere oír.

No creo que sea suerte. O no solo. Cuando organizas algo tan grande con alguien siendo tan jóvenes, descubres muy rápido cómo es cada uno bajo presión. Es una entrevista de trabajo que ninguna empresa puede replicar.

Así que cuando alguien me pregunta dónde aprendí a hacer negocios, podría decirle que en la universidad. O en Barcelona. O en mis años de autónomo.

Todo es verdad.

Pero la respuesta sincera es que lo aprendí a los 14, con Yeray y con 3.000 desconocidos a los que les daba igual nuestra edad.

P. D.: Tantos años después, todavía no nos hemos puesto de acuerdo en quién mandaba.