Nuestros clientes son los únicos inversores que hemos tenido
Tenemos inversores desde el primer día, aunque nunca nos han pedido participaciones. Son nuestros clientes, y con sus facturas hemos pagado todos nuestros productos.
Leer más →Este año revisé casi todas las piezas de cómo trabajamos para ver si seguían teniendo sentido. La mayoría aguantaron. Alguna no. Y de una o dos todavía no estoy seguro.
Empecé el año con ganas de cambiar el modelo.
Lo termino habiéndolo confirmado, más o menos.
Puede ser sabiduría o puede ser cabezonería. Juzga tú.
En 2025 lo toqué casi todo.
¿Podía vender otro por nosotros? Lo probamos, y lo paré más tarde de lo que debía.
¿Necesitábamos oficina? Resultó que no.
¿Eran intocables mis propias normas? Me salté alguna, siempre de acuerdo con Yeray, que es la única razón por la que me fío de esas decisiones.
¿Podíamos seguir personalizándolo todo para todos? Dejamos de hacerlo. Convertimos lo que repetíamos en producto y llevamos PagoCRM a un segundo sector sin construir nada nuevo.
Y entre medias, los recordatorios de que no lo controlas todo: un apagón y una norma nueva de facturación de la que ahora habla todo el mundo.
Contado así, parece mucho cambio. Y lo fue.
Pero, mirando atrás, casi todo apuntaba en la misma dirección.
Me pasé el año cuestionando el modelo, y el modelo siempre me respondió lo mismo: haz menos, pero hazlo tú.
Crecer sin inversores aguantó. No necesitamos dinero de nadie para tomar ninguna de estas decisiones, ni permiso de nadie para deshacer las que salieron mal.
Los productos que nacen de problemas reales aguantaron. El segundo sector no salió de una lluvia de ideas, sino de ver que un problema que ya habíamos resuelto para los clubes se parecía mucho a otro.
Elegir la libertad antes que el tamaño también aguantó. Cada vez que este año me tentó el «más» (más canales, más desarrollos a medida, más metros cuadrados), acabó costándonos foco. Cada vez que elegimos «menos», las aguas se calmaron.
Mi idea de que podía externalizar la venta sin externalizar lo que se aprende vendiendo. En enero escribí que no hay que delegar los oídos. Luego los delegué un poco. Lección aprendida, y pagada.
Mi idea de que decir que sí a cada personalización era dar buen servicio. Ahora creo que era buen servicio para un cliente y un impuesto lento para todos los demás.
Y mi costumbre de ser el cuello de botella. Estoy mejor que el año pasado, pero no tanto como me gustaría.
No una lista de propósitos. Nunca he cumplido ninguno.
Solo una sensación, y la cuento como sensación, no como previsión: la empresa que tenemos ahora es más sencilla que la de enero. Menos frentes abiertos, menos excepciones y menos cosas que dependen de que yo esté despierto.
Eso no es crecer como lo entiende el mundo startup. No vamos a salir en ningún ranking.
Pero una empresa más sencilla es una empresa que puede esperar. Y una empresa que puede esperar es una empresa libre.
Empecé el año con ganas de cambiar el modelo.
Y resulta que el modelo estaba bien. Lo que sobraba eran los añadidos.
P. D.: ¿Que si el año que viene volveré a cuestionarlo todo? Por supuesto. Esa parte del modelo no pienso cambiarla.